¿En qué me estaba metiendo caminando hacia la sauna junto a dos deportistas desvergonzados? Esto sólo podría terminar mal... ¿o muy bien, tal vez? No, ni siquiera podía permitirme pensar en eso. Se me pondría duro enseguida y podría arruinar la confianza que había construido con la compañera de piso más sexy que había tenido jamás. —Vayamos rápido a las duchas antes de entrar al sauna —indicó Samuel. Los estaba siguiendo sin realmente procesar las cosas. A mí, el chico gay torpe, lo invitaron a desnudarme con dos adonises heterosexuales, fue surrealista, como una fantasía de larga data que se hizo realidad. Sin embargo, ante mis ojos atónitos, Samuel bajó la cintura de sus pantalones cortos de compresión ajustados y mojados, luchó un poco con ellos, pero logró despegar el par de pan

