Maximiliano 1794 Habían pasado casi diecisiete años de mi espantosa historia con Lucrecia, según los astros, éste era el año en el que conocería a la hija favorita de Dios, ella había nacido justamente el día siete de julio del año mil setecientos setenta y siete y en unos días cumpliría la mayoría de edad de acuerdo a las costumbres de los blancos, la presentarían en sociedad en un gran baile, yo todavía no la conocía, según los sabios debía saberlo apenas la viera, una corriente eléctrica en el cuerpo al cruzar las miradas me indicaría que ella era la correcta, en nuestra cultura, el matrimonio implicaba compañerismo, respeto, reproducción pero no se hablaba del amor, así que no tenía un punto de referencia, salvo la veneración que mi hermano gemelo sentía por su esposa y ella por él,

