Cara a cara

1076 Words
“ Debo preparar las cosas para el viaje, creo que es la oportunidad perfecta para un nuevo inicio en mi vida.” _ Acaso es... - dije furiosa apretando los dientes- ¿Cómo se atreve a venir? Caminé a prisa hacia la portería de la casa, con tal furia que no me podía detener. El mentiroso de mi esposo estaba sentado en el suelo junto al portón. Y al verme se levantó y corrió hacia mi con una expresión lamentable en su rostro. _ ¡¿Qué crees que haces aquí mentiroso desgraciado, no quiero volver a verte?! - dije a gritos muy enojada. _ ¡Vendré una y otra vez hasta que entiendas que no fue mi culpa! ¡Quiero que me creas, no estoy dispuesto a perderte! - alegó sujetando mis manos. _ ¡Cómo creerte si te vi con mis propios ojos, no soy idiota! No quieras verme la cara de estúpida. ¡Ella personalmente me abrió la puerta y tú estabas desnudo en su cama! - lo empujo muy fuerte. _ Yo fui drogado, te lo juro. Jamás me atrevería a mentirte porque, ¡te amo y siempre te amaré! - dijo con tristeza en sus ojos. Se acercó a mí y me abrazó, sus palabras hicieron que me quedara inmóvil. Sin darme cuenta comencé a llorar, el viendo como estaba me susurró al oído: _ Yo te amo... - deslizó sus manos por mis mejillas - ... no lo olvides - rozó mis labios en un beso furtivo. Estaba a punto de responder a su beso, pero comencé a recordar las fotos de su infidelidad. Volví a verle en aquel hotel junto a esa chica, su cuerpo semidesnudo en la cama con otra. Lo empujé fuertemente y lo abofeteé furiosa y con tanta rabia, que incluso él se sorprendió. _ No vuelvas a acercarte a mí en lo que te quede de vida. Inventando cosas que ni siquiera tú te crees no vas a convencerme, tú para mí no eres nadie - dije dándome la vuelta. _ Pero... yo - dijo buscando excusa. _ Ya lárgate, no te quiero cerca mío, no olvides que quiero el divorcio. Tienes solo una semana - dije abriendo el portón. Entré y lo cerré nuevamente, caminé como por inercia hacia la casa. Entré, cerré la puerta y en ese mismo instante, se agotaron mis fuerzas. Sentí como si una montaña se avalanzara sobre mí, caí en el suelo tras aquella puerta color blanco. La casa por dentro es color blanco, se suponía que luego de la boda la pintaríamos juntos de azul cielo. En aquel momento sentí que nada valía la pena, quería alejarme de todos. Cada rincón me recordaba a Stiven; aquellos muebles color gris oscuro en los que muchas veces nos sentamos juntos a ver películas; la cocina, el baño y obviamente nuestro cuarto; todo, todo allí tenía su olor y una y otra vez me hacía recordarlo. No podía soportar eso, y mis lágrimas caían y caían sin parar; pero tenía que olvidar, tenía que olvidarlo. Reuní las fuerzas; todas las que tenía y me levanté. Fui al baño a ducharme, no se cuanto tiempo estuve allí. Solo se que tanta agua hizo que me mareara un poco. Me envolví en una toalla grande color azul, mi favorito. Sequé mi cabello y me arreglé un poco, luego preparé palomitas y pollo frito. Me senté en el sofá a leer manga y disfrutar de mi propia compañia. Leí mucho, vi algunas series cortas de acción y películas; lo suficiente como para no detenerme ni por un segundo a pensar en Stiven. A pesar de ello no pude alejar o detener mis pensamientos, y comencé a llorar nuevamente, quedé exhausta y me dormí. Al día siguiente desperté a las ocho y recordé que mi vuelo a París era a las diez. Era muy tarde porque aún no había preparado nada y el aeropuerto estaba a una hora en taxi. Actúe a toda prisa y empaqué una maleta y un bolso con lo que creí necesario. Solo quedaba esperar el taxi y estaba tardando. El taxi llegó con unos veinte minutos de retraso... _ Señorita lamento la tardanza, el motor se había averiado - dijo el chófer disculpándose. _ ¡ Señor mejor calle y arranque que vamos muy retrasados! - le reclamo al taxista subiéndome al taxi muy molesta. El taxista arrancó y condujo a toda velocidad para llegar a tiempo, pero... el auto se descompuso nuevamente y aún faltaba un poco para llegar. _ Señorita, no creo poder arreglarlo. ¿Qué hará ahora? - dijo el chófer expectante. Tomé mi equipaje y me bajé del taxi, teniendo planeado seguir a pie. Habiendo avanzado unos metros, pasó junto a mí un deportivo color n***o. _ ¿Hacia dónde vas tán apurada? Si quieres puedo llevarte - dijo el conductor. Miré y era Alasdayl, el hermano de mi esposo. _ No necesito tu ayuda, puedo llegar sola a mi destino. No necesitas molestarte - dije apurada. _ Voy al aeropuerto, seguro también vas para allá; entonces llevarte no será una molestia. ¿ Estás segura de no querer mi ayuda? - dijo mi cuñado dudoso. “ Creo que será mejor aceptar su ayuda o de lo contrario perderé el avión” _ Bueno, si insistes puedes llevarme - dije deteniéndome. Me senté junto a él y sonrió. _ Entonces, aceptaste ir a París. Creo que vas un poco retrasada ¿no crees? No me digas que se descompuso el auto - comenta bromeando. _ Pues la verdad si, además ayer me quedé dormida sin haber preparado nada - confieso un poco nerviosa. _ Mi intención con este viaje es ayudarte a olvidar tus problemas y aliviar presiones. Creo es una buena oportunidad para disfrutar y divertirte ¿no crees? - dijo sonriendo. _ Pues creo que si - divago pensativa. En unos diez minutos llegamos al aeropuerto de Ciudad A, era un poco tarde. Afortunadamente no perdí mi vuelo, rara vez podrías viajar en primera clase. Durante el vuelo solo podía pensar en ¿qué podría hacer en París? Al final, decidí dejarme llevar; sin importar que, no pensaría más en mis problemas. “ Es tiempo de diversión; como dicen por ahí *lo que pasa en las Vegas se queda en las Vegas*. Pues para mí *lo que pase en París, se queda en París*. No lloraré por el pasado, después de todo; ahora soy soltera.”
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