STEFANO HARRISON –Papi, papi, despierta. ¡Tierra llamando a papi– Los gritos de Lía perforan mis oídos. Puedo escuchar sus pisadas diminutas, pero me siento tan agotado que no muevo ningún músculo. Llegué en la mañana, me di una ducha y me recosté en cama. Recibí un par de llamadas de Salvatore pero las ignoré. Cómo podría hablarle después de que prácticamente me acostara con su hermana una y otra vez. ¡Dios!, me voy a ir al infierno. La tuve en mis brazos una y otra vez, sentir cómo se aferraba a mí mientras la hacía mía.. El sonido de sus gemidos, sentir cómo perdía el control y temblaba en mis brazos. Cómo escuchar la voz de mi capo si el cargo de conciencia empieza atormentar mi cabeza. Pero no hay vuelta atrás, se lo prometí a Abby y a mi mismo. Después de lo que pasó todo

