ABBY KING En el momento que recobro la conciencia me encuentro en otra habitación. Las paredes se ven mucho más sucias que las anteriores. El olor a humedad es fuerte logrando que me duela la cabeza. Intento pasar algo de saliva por mi garganta, pero un ardor se acumula en esta logrando que empiece a toser. Mi cuerpo se mantiene suspendido con una cadena en cada extremo. Las esposas que sostienen mis muñecas arden. Hago una mueca de dolor al sentir las esposas. No tengo fuerzas, mi cuerpo se siente pesado, de no ser por las cadenas que me sujetan ya estaría en el piso. –Veo que al fin despiertas cariño– levanto la cabeza y mis facciones se tensan. Esa sonrisa arrogante no sale de su asqueroso rostro y si no estuviera estas cadenas en mi manos le volteaba el rostro con una fuerte

