Miedo. Él seguía llamando miedo a una descripción perfecta de lo que sentía hacia mí, pero este hombre creía que era miedo, cuando…definitivamente era amor. Trataba de que él entendiera que era eso, pero él no lo sabía, como si nunca lo hubiera sentido. Tomé ese rostro y mis dedos jugaron con sus mejillas, acariciaron sus orejas y después se deslizaron por su cuello, me acerqué a él, mientras que Darek tomaba mi cintura, sus ojos cerrados y aquellos labios haciéndome una clara invitación para besarlo. —Te lo diré otra vez, Darek. Y quiero que me des una respuesta, mirando mis ojos.—aquellos lindos ojos se abrieron, a la expectativa de lo que yo iba a decir.—Te amo, Darek Fletcher. Pestañeó con rapidez, acercando más su rostro al mío. —No puedo decirte lo que quieres escuchar, Nann

