La ducha me sentó bien, sobre todo porque Darek me acompañó en ella, tomando baño junto a mí, tenía una ligera sensación de que si me enfermaba…este hombre sería un buen cuidador. ¿Era malo ahora sentir ganas de enfermarme para obtener los mimos de Darek? Bueno, nunca estaba demás intentarlo. —Vamos, ven a la cama. No tengas miedo.—solo fue poner un pie fuera del baño y el Darek exhibicionista estaba en la cama, de lado, como Diosito me lo trajo al mundo, solo que Dios no lo trajo con una erección y Darek tenía una. Enorme.—No…tengas…miedo. —¡Pervertido! ¡Cúbrete! Dormiré, Darek. —¿Ah…si?—su voz sonó peligrosamente sensual, mi cuerpo estaba d*****o y yo llevé mis manos a cubrir mis senos.—No te atrevas hacer eso otra vez cuando mis ojos estén sobre tu cuerpo, Nanna.—me regañó. Mis mano

