CAPÍTULO DOCE —¡Ryan! —gritó Cassie—Ven, rápido. No podía quitarle los ojos al traumático espectáculo del conejo boca arriba y sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Los pasos de Ryan resonaron sobre el piso de madera y un momento después estaba en la puerta de Dylan con el rostro lleno de preocupación. —¿Qué ocurre? —Benjamin Bunny. Está muerto, Ryan. Señaló la jaula notando que le temblaban las manos. —¿Muerto? ¿Estás segura? Ryan entró apresurado a la habitación. Extendió el brazo dentro de la jaula y sacó suavemente al conejo. La cabeza le colgaba de costado. —Ay, no, esto es terrible. Está helado y se ve que sus extremidades están empezando a endurecerse. Pobrecito. —¿Qué crees que le puede haber sucedido? Cassie resolló y se refregó los ojos con fuerza. —No lo

