CAPÍTULO DIECISIETE Para cuando Cassie llegó a casa, estaba estresada, atemorizada y preocupada de que hubiese atrasado a la familia para la obra, y estaba al borde de las lágrimas. Cuando llegó a la puerta, Ryan la abrió. Tenía puesta una camisa formal y pantalones chinos, listo para salir, y Cassie se dio cuenta de lo desarreglada que debía estar. —Hola, preciosa. Me alegro de verte, estaba empezando preguntarme en dónde estabas. Miró hacia afuera a la calle vacía. —¿En dónde está tu auto? —Está en la ferretería. No arrancaba y cuando abrí el capó vi que ya estaba abierto y que habían cortado los cables. —¿Qué? Su voz sonaba incrédula. —Sí. La respiración de Cassie se estaba transformando en sollozos. —¿Crees que alguien lo hizo a propósito? ¿No será que los cables simplemente

