Cuando apenas había había bajado de aquel carruaje el joven esclavo dirigió su vista a la enorme construcción, era demasiado imponente tampoco se notaba muy alegre cono para dar una tranquilidad.
Trago un poco de saliva para girarse sobre sus propios pies literalmente ya que estaba descalzo.
Dirigió su vista a aquella dama que le había comprado hace apenas unas horas,tal vez debía llamarla ama.
— Le ayudare...
Dijo de inmediato aquel joven para ayudar a aquella mujer a bajar de aquel carruaje, pero jamás le dirigió la mirada por miedo.
—Te presento a la mansión de los florens.
Después de eso hubo un silencio sin llegar al punto de ser uno incómodo o por lo que menos que pudiera decir el menor.
Para luego solamente escucharse los pasos de aquella refinada mujer caminar, al notar que estaba lejos su presencia, alzó la vista un poco para apretar sus labios formando una delgada línea mientras se mordía el labio inferior con clara intención de romperlo.
Volvió a bajar la mirada para ver aquellos sucios pies y luego ver sus manos, sentía una extraña sensación en el pecho tal vez era por qué deseaba llorar.
Los recuerdos envolvían su ser con un solo pestañeo.
— Deberías seguirle, te dirá que hacer.
Alzó su vista un tanto alarmado para ver con aquellos ojos que no transmitían el mismo sentimiento que su corazón, viendo que se trataba de aquel hombre del carruaje.
Atino a asentir para seguidamente caminar rápidamente a la dirección de dónde se había ido aquella dama.
Subió sin pensar mucho por aquellos escalones notando aquella hermosa entrada para la mansión.
Era tan elegante que tenía miedo de arruinar ese toque con su sola apariencia.
Digo, su sola apariencia no es muy atractiva.
Cadenas que colgaban de sus manos.
Aquellas manos rasposas y dañadas por el trabajo de mina también otros tantos que ha hecho a lo largo de su corta existencia.
También su falta de higiene no ayudaba demasiado y mucho menos aquella vestimenta.
Al parecer aquella mujer de cabello canoso de apariencia un tanto robusta, vestido largo hasta sus pies de color n***o teniendo un mandil blanco mostrando que era una sirvienta pensaba lo mismo que aquel joven.
A lado de aquella sirvienta se encontraba la Archiduquesa.
— Matilde me gustaría presentarte al futuro hijo del archiduque Thomas.
Dijo aquella Archiduquesa, la mujer cabello blanco y de edad no pudo esconder su sorpresa.
— Archiduquesa neha, ¿su hermano le dió permiso de tomar tal acción?.
Cuestionó aquella mujer ganando que la nombrada solo bajara la mirada al suelo.
— ¿Adivine?
Pregunto con asombro la mujer llevando sus manos a su rostro.
Asintió la Archiduquesa afirmando lo que quedaba claro.
— Mi hermano me agradecerá en el futuro, estoy segura, digo tiene 43 años nunca se a casado mucho menos a tenido un hijo.— Comenzó a hablar.— Sería una sabía decisión que adoptará a un varón para que de esa forma nuestro apellido siga en pie.
La contraria solo negó mientras mostraba con gestos su sería preocupación por lo que podría pasar.
Mientras el joven esclavo solo escuchaba en el umbral de la puerta manteniendo la vista baja en el suelo.
— Esto sera una casería...
Comento en lo bajo aquella mujer de nombre Matilde.
— No importa, ahora deseo que le muestres su habitación para que luego lo prepares para presentarlo a mi hermano.
Aquella mujer de vestido n***o asintió para luego realizar una reverencia y acercarse al joven esclavo.
Para luego que la Archiduquesa se comenzará a retirar a un rumbo desconocido.
— ¿Podrías seguirme?
Comento aquella mujer de cabello blanco, que ahora de cerca se podía notar que era alguien de edad por sus arrugas.
Asintió el menor para que luego de eso ambos comenzarán a caminar por aquel enorme pasillo, Para luego visualizar unos escalones que al parecer llevan a una segunda planta.
En verdad era más enorme tanto que sentía su débil corazón de esclavo no podría soportarle para conocer parte de esa enorme mansión.
Los minutos pasaban y no sabía cuánto era lo que había caminado pero esto fue detenido cuando aquella mujer se detuvo frente a una puerta como todas las demás para luego abrirla.
— Está será su habitación.
Acto seguido ambos ingresaron al interior de aquella habitación para luego ver aquella hermosa decoración que se encontraba.
Era tan hermoso que sus ojos no podían soportarlo así que estaba nervioso.
— Ahora podrás mostrarme esa cadena.
El joven esclavo asíntio sin saber lo que haría aquella mujer, alzó sus brazos a dirección al frente sin llegarlas a juntar demasiado.
Seguido de esto aquella mujer toma una navaja que encontró en un escritorio de esa misma habitación para luego insertarlo en la cerradura de esas cadenas como una llave.
¡Click!
Ese pequeño ruido hizo que las cadenas se soltaran y por consecuencia cayeran al suelo haciendo un ruido que se pudo escucharse en la habitación.
— Perfecto ahora es momento de un largo baño.
Comento con una sonrisa aquella mujer.
Para que luego ambos pudieran entrar en una pequeña habitación que se notaba mucho más agradable.
— buen día hermanita mía.
Comento el tan esperado archiduque Thomas quien era gran amigo del emperador.
— haz tardado mucho.
Dijo aquella Archiduquesa mientras desviaba su mirada a otra parte para de esa forma no verle el rostro a su hermano mayor.
Aquello solo hizo que el nombrado Thomas comenzará a ponerle atención al extraño comportamiento de su hermana neha.
— Lamento la demora, pero bien sabes que debo estar en el palacio imperial cinco veces por semana.—Dijo.— Pero no comprendo por qué hablamos de eso...
Aquella noble mujer asintió suspirando estando en total de acuerdo en lo que decía.
— Tienes razón.—Sonrio.— Pero debo avisar que te tengo una sorpresa.
El hombre alzó la ceja confundió por sus palabras mientras le daba un sorbo a su taza de café, ya que estaban en la cocina bebiendo café.
— ¿Que clase de sorpresa?
Pregunto para mostrarse verdaderamente interesado por aquella incógnita que le había dejado dichas palabras.
— Hay hermano no sabía que eras curioso pero no te preocupes el vendrá.
Respondió neha
Pero eso había dejado más dudas en Thomas ya que no sabía de quién se trataba o que sería.
— No me dejes con la curiosidad neha.
Insistió Thomas.
Por otra parte neha sonrió para guardar silencio dejando de nueva cuenta aquella intriga.
Después de eso simplemente hubo un silencio que comenzaba a usarse para que el archiduque comenzará a dudar y hacerse preguntas respecto a la sorpresa.
— En fin, ¿como fue la reunión con los nobles?
Pregunto neha para crear una conversación y romper el corto silencio.
Alzó su mirada Thomas para dejar en la mesa aquella taza del café que había estado bebiendo desde su llegada.
— Fue un tanto tedioso, todos discutían sobre quién será el heredero ya que no aceptan a la princesa.
Ella estaba al tanto sobre los problemas del palacio de hecho era de lo primero que hablaban al verse: parecían ser aquellas mujeres amantes de hablar de la vida ajena.
Una sonrisa en su rostro iluminó el rostro de la Archiduquesa.
— ¿En serio? No puedo creer que sigan sin aceptarle.
Agrego la Archiduquesa preguntado con inocencia.
— Así es.— Suspiro mostrándose un tanto más cansado guardando silencio unos segundos.— Pero pienso apoyarle ya que es mi deber.
Rodó los ojos neha mientras arruga ligeramente el ceño.
— mientras cuides de Evelin, no me preocupa “tu deber”
Lo último lo dijo con los debos las comillas resaltado su desacuerdo con lo que pensaba su contraparte.
Su conversación se quedó en pausa por el abrir de la puerta viéndose ingresar a aquella dama de cabello con canas de nombre Matilde.
— Mi señora.
Dijo Matilde mientras entraba a la cocina viéndose a su lado a un joven de cabello castaño quien tenía la cabeza hagachada.
— Oh mi señor no sabía que se encontraba en casa.
Sonrió Matilde llevando sus manos al centro de su pecho en signo de disculpa por no verle saludado.
El hombre simplemente hizo un gesto con su mano encino de que no era algo importante para luego llevar su mirada a dónde se encontraba aquel joven.
— Supongo que el chico es tu nieto, ¿No?
Interrogó Thomas sin saber de quién se trataba pero sentía curiosidad por descubrir de quién se trataba.