Capítulo 3

1054 Words
Se quedaron así, mirándose, hasta que la incomodidad de la proximidad y la intensidad del momento se hizo evidente. Adria se apartó ligeramente, rompiendo el contacto visual. —Creo que... deberíamos descansar. Ha sido un día muy largo. Zachary asintió, respetando su necesidad de espacio. —Tienes razón. Descansemos. Adria se retiró a su lado de la cama, mientras Zachary se acomodaba en el suyo. Ambos se sumieron en el silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero con una sensación de esperanza y posibilidad que llenaba el aire. Por primera vez en mucho tiempo, Adria durmió profundamente. La cama era suave y cómoda, y la tranquilidad de la mansión la envolvía en un cálido abrazo. Cuando los primeros rayos de sol se filtraron a través de las cortinas, Adria despertó lentamente, sintiéndose más descansada de lo que recordaba en años. Parpadeó varias veces, acostumbrándose a la luz, y al girar la cabeza, vio a Zachary dormido a su lado. Se tomó un momento para observarlo, admirando su belleza masculina. Sus rasgos eran fuertes pero delicados, su cabello desordenado de una manera que solo podía describirse como encantadora. Sin poder evitarlo, se sonrojó. En ese instante, Zachary abrió los ojos y la sorprendió mirándolo. Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. —Buenos días, Adria —dijo con una voz ronca por el sueño—. ¿Te gusta lo que ves? Adria se sonrojó aún más y apartó la mirada, sintiéndose avergonzada. —Lo siento, no quería… es solo que… Zachary rio suavemente y se incorporó, apoyándose en un codo para mirarla mejor. —No te preocupes, Adria. No me molesta en absoluto. Es más, me halaga saber que disfrutas de la vista. Adria se tapó la cara con las manos, tratando de ocultar su rubor. —Zachary, por favor… Zachary extendió una mano y le apartó suavemente las manos del rostro. —No te escondas. Es un cumplido que no recibo todos los días. Adria intentó mantener una expresión seria, pero los ojos chispeantes de Zachary y su sonrisa juguetona la hicieron reír. —Está bien, lo admito. Eres… eres guapo. Zachary se echó a reír, una risa profunda y contagiosa. —¡Vaya! Nunca pensé que escucharías esas palabras salir de tu boca. Deberíamos hacerlo oficial: Adria Castell admite que su esposo es guapo. Adria rio, sintiéndose más relajada a medida que la conversación avanzaba. —Deja de molestarme, Zachary. Zachary sonrió, inclinándose para darle un beso en la frente. —Nunca dejaré de molestarte, Adria. Es uno de los privilegios de ser tu esposo. Adria lo miró, sintiendo una cálida sensación en su pecho. A pesar de las circunstancias inusuales de su matrimonio, había algo en Zachary que la hacía sentir segura y querida. ¿Por qué sentía algo distinto en él? ¿Por qué era así con ella? [...] Un mes antes... Zachary estaba sentado en el elegante bar de su club privado, disfrutando de una copa de whisky cuando su mejor amigo, Andrés Calle, se le acercó con una expresión de emoción mal disimulada. —¡Zach! —exclamó Andrés, sentándose a su lado—. ¿Has escuchado la última noticia del círculo social? La fea de la U se va a casar. Zachary frunció el ceño y miró a su amigo con desagrado. —No le llames así, Andrés. Tiene un nombre. Se llama Adria. Andrés levantó las manos en un gesto de rendición, pero su sonrisa burlona no desapareció. —Está bien, está bien. Adria. De todos modos, se va a casar con un tipo llamado Carlos, que parece ser un nuevo millonario. No me lo puedo creer. Zachary sintió una punzada de molestia en el pecho, una reacción que no esperaba. Adria y él no habían hablado en años, pero la noticia de su matrimonio le afectaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. —No me importa con quién se case —dijo, tratando de sonar indiferente—. Pero no te permito hablar de ella de esa manera. Andrés lo miró con sorpresa y curiosidad. —¿Estás enamorado de ella o qué? Zachary negó de inmediato, pero su voz se suavizó al recordar. —No, no es eso. Es solo que Adria tiene un corazón de oro. Es generosa y compasiva. Varias veces la he visto en la fundación de mi padre, acompañando y llevando regalos a los niños huérfanos. No merece que la llamen fea... Feas las personas que son egoístas y malas personas. Andrés arqueó una ceja, escéptico. —Quizá sea buena persona, pero no puedes negar que es horrible. Vamos, Zach. Las modelos rusas con las que salimos son mucho más lindas. Zachary apretó los dientes, sintiéndose incómodo con la dirección de la conversación. —La belleza no es solo lo que se ve por fuera, Andrés. Adria tiene una belleza interna que es mucho más valiosa que cualquier apariencia superficial. Andrés rodó los ojos, claramente no convencido. —Si tú lo dices. Pero, aun así, ¿por qué te molesta tanto? Zachary miró su copa, su mente inundada de recuerdos de los días en la universidad, cuando él y Adria eran inseparables. Se preguntaba por qué había dejado que su amistad se desvaneciera, por qué no había hecho más para mantener el contacto. ¿Por qué la había rechazado de una manera tan cruel? —Simplemente no creo que ella sea feliz —dijo finalmente—. Y odio la idea de que alguien pueda ser infeliz. Andrés se encogió de hombros, terminando su propia bebida. —Bueno, amigo, no puedes salvar a todos. A veces, la gente tiene que encontrar su propio camino, incluso si cometen errores en el proceso. Zachary asintió, pero una sensación persistente de inquietud lo siguió durante el resto de la noche. No podía sacudirse la idea de que Adria merecía algo mejor, alguien que apreciara no solo su apariencia, sino también su increíble bondad y generosidad. La conversación con Andrés le dejó un mal sabor de boca, y mientras regresaba a casa, no podía dejar de pensar en Adria y en el rumbo que había tomado su vida. Fue entonces cuando decidió que, si alguna vez se presentaba la oportunidad, haría todo lo posible por protegerla y asegurarse de que recibiera el respeto y la felicidad que merecía.
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