Ricardo — ¡Eres una maldita incompetente! — bramo abofeteando a Samantha con fuerza. — ¡Por tu maldita culpa perdí de nuevo a Isabella, no mereces que te ayude debería dejarte morir desangrada! — exclamo mirándola tirada en el piso. — No, por favor no me dejes morir, ayúdame. — suplica de rodillas delante de mi excitándome con su llanto, estaba tan enfadado por como salieron las cosas que cuando llego herida la encerré en una de las habitaciones oscuras de este otro antro putrefacto que son los únicos lugares que puedo usar para esconderme. — ¿Qué me ofreces para que te ayude? — siseo viéndola con morbo, Samantha es una mujer bastante hermosa, ambiciosa pero bruta, su poca inteligencia es lo que me ha ayudado a tenerla comiendo de mi mano además la necesito, ya todo el mundo debe saber

