Isabella Estamos en un centro comercial esperando a Cassandra y a Beatriz que vienen a pasar la tarde con mi hijo y Mary, además de la cantidad absurda de guaruras que les deja Alexander para que los proteja mientras nosotros solo nos llevamos a Rogert y un par de hombres más, me da un poquito de vergüenza saber que todos saben a lo que vamos Alexander y yo, evito la mirada de todos manteniendo los ojos fijos en la barquilla de chocolate y mantecado que sostengo en la mano, siento la cara arder al igual que mi escote lo más probable es que este tan roja como un tomate. — Relájate, todos aquí son adultos y entienden perfectamente que no hemos tenido tiempo para nosotros. — susurra Alexander cuando se sienta muy cerca de mi. — No se como puedes ser tan descarado. — digo en el mismo tono.

