Estaciono el auto frente a casa, me quedo observando la impresionante mansión que se alza ante mis ojos. Esos minutos que me quedo dentro del auto trabajo para serenarme. Mantener la calma es esencial. No puedo ingresar y gritarle a mi madre que ya sé la verdad, que ya sé que ella estuvo detrás de todo. Aunque quiero, a pesar de que deseo gritarle su actuar, no debo hacerlo. Tengo, necesito actuar con inteligencia, porque siento que hay algo más, algo que aún no he descubierto y, si demuestro que ando en investigaciones sobre el pasado, mi abuelo, tío, madre y demás impedirán que descubra la verdad. Salgo del coche, sereno, tranquilo, como si lo que he descubierto jamás pasó. Camino firme hacia el interior. Cuando abro la puerta Yan grita desde lo alto de la escalera. —¡Papá! —Despaci

