Llegamos al edificio donde vive Dana con sus padres y su hermosa hija. Es una zona bastante humilde en un barrio tranquilo de la ciudad. Sé que Dana está algo cohibida por yo pedir venir aquí con ella, lo noto en su actuar, pero sinceramente, no me importa. Jamás la juzgaría por su hogar, mucho menos la haría sentir menos por yo tener dinero. Si ella supiera lo mucho que la admiro y respeto, y la alta estima en que la tengo, ella no se sintiera así algo tímida mientras avanzamos por el camino que da al edificio. Soy consciente que llamo la atención de las personas por como luzco, pero basta con dar una cálida sonrisa para que dejen de mirarme como un bicho raro. Las paredes grafiteadas me sacan una sonrisa, así como mirar a unos cuantos metros a unos niños jugando en un pequeño parque.

