El silencio se hace presente. Laverde coloca sus labios en una delgada línea y asiente sin decir algo. Sus facciones están endurecidas y se puede sentir la tensión que emana de él. —La espero afuera, jefa. Sin más, avanza hacia la salida de la mansión, dejándonos en medio del living con un silencio bastante incómodo. Dana sigue con su vista hacia las escaleras, veo sus mejillas enrojecidas, sus ojos cristalizados y hasta los orificios de su nariz un poco expandidos. «Se está conteniendo, lo sé» —Hermana, ¿acaso ustedes…? —¡Tuvimos sexo hace dos años, sí! —afirma dejándome bastante choqueada. Pero no en el mal sentido, sino en lo bien ocultó que se lo tenía. O soy bien despistada. «¿A quién quiero engañar? Yo vivo en la luna la mayor parte del tiempo, lo sé» Dejo salir el aire en u

