Siete meses más tarde. Elaine estaba revolviendo su oficina, en busca del biberón de Luke. Tenía una mirada algo frustrada, pero se la veía feliz a pesar de todo. - Maldición – gruñó cuando su dedo meñique golpeo el escritorio de madera con una fuerza desafortunada. – Mi dedo, mi dedo, mi dedo. – hizo una mueca de dolor y acto seguido, abrió el cajón con violencia, haciendo que se descarrilara y callera al suelo. – Lo que me faltaba. Con un resoplido se arrodilló para recoger todos los papeles. Sus ojos viajaron directo a un sobre de papel en particular. Sintió su corazón doler un poco. Dejó todo de nuevo en su lugar, menos la carta. - ¿Qué haces? – la voz de su amado marido la hizo sobresaltar. - Busco el biberón de Luke – soltó un suspiro. - Está en la cocina.
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