Daño. Era de noche, no se le había permitido ver de nuevo al bastardo aquel que se hacía llamar hermano de su mate. Se acostó junto a él, su calidez era abrumadora, se dio vuelta, todavía estaba resentida consigo misma. Suspiro, mientras se daba la vuelta. Sintió unas manos aferrarse a su cintura y una respiración en su oreja le hizo perder la suya propia. - Tuyo. Sonrió, era demasiado lindo para ser verdad, él hizo lo su justo necesitaba sin siquiera ella esperarlo. - Mío. Nuevamente se dio le vuelta para encararlo, le dio un suave y rápido beso en sus labios. Lo estaba tentando, no sabía cuánto exactamente terminaría la maldita época de celo, pero era obvio que él no aguantaría una noche más siendo sin acción. Fue admirable la manera en que supo controlarse a pesar de ser su primera

