Arreglando Solte un gruñido, mi espalda ardía y presión la sangre seca por todos lados, aquel golpe contra el suelo no había sido algo ligero. Por mi estado, tardaría en sanar. Oí como la puerta era abierta, no me moví en lo absoluto. Alguien había soltado un gemido de sorpresa. Podía oler perfectamente el perfume que siempre llevaba Betrien. Seguramente no habría enterado de lo que su señor me había hecho. - Señora ... - Empezó a decir algo ido.— Debió de haber avisado a la servidumbre de su estado. Ahora mismo me encargaré de curar sus heridas. Salió apresurado a buscar no sabría que, probablemente un botiquín. No tocó la puerta al entrar y sentarse al lado mío para empezar a sanar mis heridas. Con un trapo húmedo limpio la sangre seca, no me queje, había sufrido peores maletas. Desi

