Loba. Golpeé un árbol otra vez. Suspiré mientras recogía mejor mi coleta. ¡Era su puta culpa por provocarme! A este maldito punto, me vale totalmente si acabo de dejar mal a esos imbéciles delante de sus guerreros. ¡Por favor! ¡Se lo buscaron con creces! No era ninguna estúpida que se quedaría callada ante cosas como lo que dijeron. ¿Su mujer? No fui mujer de ninguno y ahora menos que nada estoy dispuesta a pretender que sí. ¡Por mí que se vayan a la mierda si es que quieren! Caminé de nuevo a la camioneta. Máximo está loco si cree que volveré a su estúpido palacio de princesitas, yo me iré a cualquier lugar, pero no cerca de ese idiota. Tengo la suerte de tener ingresos. ¡Vaya que se venden bien los asquerosos vestidos que me regaló! Los vendí a sumas exorbitantes, con varios dígitos

