Relajándonos #5:

833 Words
Ceci me sonrió un poco apenada y me dijo: —Pues vivía aterrada Reny, tenía tanto miedo que me volvieran a hacer daño otra vez y pues no deje entrar a nadie en mi vida. Cuando Robert mi primo me ofreció que trabajara para él, yo estaba sumergida en una gran depresión. Así que Robert y Shelly prácticamente me rescataron y le dieron un objetivo a mi vida. —¡Y que gran objetivo! Jajajaja hacerse cargo de más de mil quinientas personas no ha ser nada fácil Ceci, tiene esos hombros hechos piedra… realmente necesita esa sesión de yoga mañana jajajaja. —Si el yoga y los masajes jajajaja. Decimos ponernos nuestras piyamas y acostarnos a dormir… en la mañana estábamos listas para ese suculento desayuno… Joha gritaba y se reía a carcajadas después de darle nalgadas a los meseros… yo seguía sintiendo esa sensación de ser observada, pero no notaba a nadie conocido en nuestro alrededor. Johana estaba recibiendo mensajes de Chris y minutos después me llego una llamada de Joseph. —Alo, Reny mi amor, me tienes abandonado… —Alo Cariño, jajajaja pues se supone que venia a disfrutar con las chicas y que no tendría acceso al celular, pero estamos desayunando en este momento, así que me da gusto escuchar tu voz. —Mas gusto me da a mi preciosa, y ¿que estas usando en este momento? Andas en traje de baño o que… —No mi amor jajajaja hoy tendremos una sesión de yoga así que estoy usando ropa deportiva, un leggins y top. —¡Pero eso te queda pegado al cuerpo Renata! —Pues claro cariño si vamos a hacer estiramientos y contorciones… que esperabas bebe… —No sé, trata de ponerte una camiseta floja encima… —Hay cariño por favor no inventes. —El imbécil de Patrick dejo de mensajearte verdad… yo sabia que cuando te viera se pondría más interesado… —Pues para nada mi amor porque el está en plena conversación con Ceci. —En serio… eso si es una buena noticia. —Bueno bebe, ya estamos terminando y debo prepararme, ha sido un placer escuchar tu voz, no me llames porque dejare el celular en la habitación ok adiós, mi amor. —Adiós Reny te amo… colgamos. Ya estaba lista para mis ejercicios, era una ambiente tan bello, ese jardín, con esa brisa tan refrescante. La verdad que, si lo estábamos disfrutando, pero más Johana, Nena y Nelly. Ya que nuestro joven instructor estaba super rayado, atlético y con una rostro como de Dios griego… un chico realmente guapo. Ellas no dejaban de coquetearle en toda la sesión y no se porque diablos el me miraba a mi… —Hay Inge estos chicos solo en la rubia despampanante se fijan jajajaja. —Y yo no sé porque Nelly si yo solo vine a ejercitarme. —Bueno jefa le va a tener que mostrar su anillo jajajaja. —Claro que sí. Joha se fue a acercársele para conocerlo mejor, su nombre es Roland, tiene treinta y ocho años, dedicado al fisiculturismo y entrenador de yoga. Todas se movieron para estrechar su mano menos Ceci y yo. Pero él se lanzó efusivamente para tomar mi mano y presentarse. Para después saludar educadamente a Ceci. Pero yo me despedí y me zafé sagazmente para poder irme a duchar a la habitación, quería relajarme un rato para estar lista para nuestro delicioso almuerzo de mariscos. Cuando iba caminando… escuche que me llamaban… —Ingeniera Clark me permite acompañarla, menciono Roland, que prácticamente me venía persiguiendo. —Mire disculpe instructor, pero yo soy una señora casada. —Si, pero fuese un placer para mi ser su guía turístico. —Pero no tengo interés en recorrer las instalaciones… terminando yo de decir esas palabras y este tipo estaba super cerca de mi… En lo que retrocedí tope con un cuerpo solido y robusto. —¡Ya la escuchaste! Ella no tiene ningún interés… —Oye yo la vi primero, ¿Quién eres tú? —¡Yo soy su esposo! —Dios mío ¿Joseph que haces aquí? En eso mire a Chris que salía de atrás de los arbustos… —¡No puedo creer que nos hayan venido a espiar! —Inge fue el jefe que prácticamente me trajo a arrastras, se defendió Chris… Pero Joseph estaba enfocado mas en enfrentar al musculoso Roland que en prestarme atención a mí. —¡Cuento tres y te alejas de aquí, muchacho o no respondo! —Ok si está bien, disculpe ingeniera. —Estas disculpado Roland, adiós y el chico se retiro apenado. —Qué barbaridad Joseph es increíble que a estas alturas de nuestra relación no confíes en mí. —En ti si preciosa pero no en estos hijos de puta que andan de perros, ahora vamos a tu habitación para que te cambies esa ropa. —¿jefe y yo? —Vete a desayunar Chris, nos vemos luego. —Si señor, respondió Chris y se fue obedientemente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD