Me mire los nudillos de mi mano derecha. Estaban destrozados. Estaba tan cansada, no era por que le pegue a un sujeto anoche, sino por dormir en el suelo sucio del orfanato donde vivía, aunque desde que conocí a Alex son muy pocas las noches que pasaba por allí a dormir en aquel sucio y frio piso, al irme anoche a salvar a Rué de que no haga ninguna locura me quede con ella toda la noche, para asegurarme que estuviera bien.
Me dolía toda la espalda. Ya había perdido la costumbre de dormir en el piso y ahora lo estoy pagando caro. Me deje caer en el césped verdad mientras miraba los primeros rayos de sol de un domingo que prometía mucho.
– ¿Qué haces ahí? –escuche la dulce voz de Ángel y me levante de un salto.
–Buenos días–lo salude sonriéndole. Mi aspecto no era el mejor que digamos, pero es que en realidad las pocas cosas que tengo están en la habitación de mi mejor amigo y a estas horas lo que menos quería era ir a levantarlo y el padre de mi amigo claramente se dio cuenta de ello.
–Buenos días, Laurel, ¿Qué haces aquí afuera a estas horas? –volvió hablarme. Su mirada interrogadora me decía que tenía que inventarme alguna buena excusa.
–Es que…. Bueno yo… estaba arreglando algunas rosas que se estaban marchitando–él asintió lentamente.
–Anja–no lo dijo muy convencido. Aún seguía en pijama lo que supuse que no hacía mucho tiempo que se había levantado.
– ¿Y usted porque está aquí afuera tan temprano? – le pregunte tratando de desviar la conversación.
–Vine por el periódico–dijo levantando el periódico que traía en la mano izquierda. El que, aclaro, ahora es que estoy notando.
–¡Oh! –dije sonrojada.
–Vamos a dentro, voy a hacer café y el desayuno–sonreí de oreja a oreja y lo seguí hasta el interior de la casa.
Dentro lo ayude a preparar el desayuno y café para todos. Lo raro es que a mí no me salía eso de la cocina muy bien, todo lo contrario, era un desastre en eso, pero a él todo le quedaba perfecto. Me explicaba cómo hacer huevos revueltos, a lo que los míos quedaban todos quemados a él le quedaban con un color bien amarillento y se veían bien apetitosos. Yo como siempre moría de hambre.
–Ya se, puedes ponerles la mantequilla a los panes y ponerlos en la tostadora–asentí sonriendo porque eso sí que podía hacerlo con facilidad. Que se me quemen, eso no puedo prometerlo.
…………
Después de una mañana intensa donde Ángel me explico como 100 veces como hacer para que los huevos no se me quemaran y de que yo no aprendiera, me mando a sentar y termino de hacer el desayudo. Ahora, unas horas me encontraba mirando la televisión junto a mi amigo. Quien estaba demasiado pensativo todo el día. Muy pocas veces me hablo. Ahora solo me ignora mirando una película.
Suspire y ya no aguante más, la curiosidad por saber que paso entre él y Jess anoche me mataba. Mis pies estaban sobre sus piernas así que las retire y me acerque a él en el mueble, poniendo mis rodillas sobre los suaves cojines del sofá color café oscuro.
– ¿Me vas a contar o qué? –dije al fin, Alex solo me encogió de hombros.
–Nada–dijo con la voz tremendamente baja, fruncí el ceño y le pegue en el brazo, fuerte, y cuando digo fuerte es porque es fuerte.
–¡Auch, Lau! –se quejó, pasando su mano izquierda por su brazo derecho–deja de pegarme por el amor de Dios–sonreí a carcajadas y así logré que me mirada con los ojos como plato– ¿Por qué te ríes? –se volvió a quejar y yo sonreí aún más.
–Hasta que no me cuentes todo. TODO. Lo que paso a noche no te dejare de pegar–dije y volví a pegarle.
–¡Ay! –dejo salir un gemido cuando volví a pegarle una y otra vez–Está bien. Está bien. Está bien voy a decirte, pero ya para de pegarme, nada de violencia contra mi persona–asentí eufóricamente mientras se dibujaba una sonría en mi rostro. Me senté a lo indio en el sofá y Alex se sentó quedando cara a cara conmigo.
–Vamos habla–dije dando saltitos en el sofá. Él me miraba sonriendo y negando con la cabeza.
–Pareces una niña de 10 años–dijo en tono divertido y yo sonreí como niña e hice puchero–Jess me beso–susurro tan bajo que creo que escuche mal.
– ¿Qué Jess te beso? –grite con los ojos como plato.
–No tienes que gritar, estoy aquí, creo que toda la casa te escucho–sonreí e hice un gesto con la mano para que siguiera hablando–la lleve a su casa como me pidió, y cuando me iba me beso, solo fue muy rápido–me quede con los ojos como plato.
– ¿En serio te beso? –hable, mi amigo asintió lentamente pero antes de decir algo una voz lo detuvo.
– ¿Quién te beso, Alex? –la voz de Samantha nos hizo mirarla, de reojo vi como las mejillas de mi amigo se teñían de un rojo claro.
–Nadie, mami–le respondió.
–Es mentira, una chica que está loca por él lo beso anoche–dije sonriendo, vi como a la madre de mi amigo se le iluminaron los ojos, por otro lado, mi amigo giro bruscamente su cabeza para mirarme. Sus ojos casi me matan y yo solo pude sonreírme.
– ¿Y quién es esa chica? –volvió a preguntar Sam.
–Se llama Jess, mamá–respondió mi amigo sin apartar la mirada de mí, sonreí porque él se vía tan adorable con las mejillas como tomate.
–¡Oh! –la mayor de los tres soltó un suspiro, pero antes de volver hablar su hijo se adelantó.
– Mamá ¿Qué haces fuera de la cama? – ahora llevando su mirada a ella.
–Es que me iba a morir del aburrimiento allí arriba así que decidí bajar y preparar la cena.
–Pero no puedes estar en pie, papá lo dijo–Alex se levantó del sofá y llego a donde estaba su madre y la abrazo, ella era más pequeña de estatura que él por lo que puso la cabeza ligeramente en el pecho de su hijo.
–Estoy bien cariño. Podrían ayudarme a preparar la cena–ambos asentimos. Me levanté del sofá y los seguí a la cocina. Alex y yo no fue mucha cosa la que hicimos, ya que la cocina no es lo nuestro.
Samantha nos daba ordenes cada dos segundo, que le buscáramos algún ingrediente que le hacía falta y esas cosas, al final nos ordenó que arregláramos la mesa y eso hicimos.
Cuando la cena estuvo Alex y yo nos sentamos juntos, Ángel se sentó en la cabecera de la mesa y Sam a su lado derecho, quedando en frente de mi amigo y mío, Alec fue el último en entrar al comedor, su mirada se paró en mi cuando tomo la silla y la hizo rechinar para poder sentarse.
– ¿Por qué tiene ella que estar aquí? –dijo en tono seco y frio. Lentamente baje mi cabeza y juro que si no fuera por la mano de Alex que tomo la mía por debajo de la mesa me hubiera levanto y me había largado, pero mi amigo tomo mi mano con delicadeza e instantáneamente me sentí mejor, volví a llevar la cabeza encontrándome con su mirada.
– ¿Alec que son esos modales? –hablo su padre con voz autoritaria que era muy raro en él. Alec soltó un gruñido. –Laurel es parte de esta familia y tiene todo el derecho de estar aquí.
Luego de una cena un poco incomoda, ya que Alec no dejaba de tirarme alguna mirada matadora, yo me sentía intimidada por esos ojos que me querían arrancar la cabeza con su tenedor.
– ¿Qué le he hecho? –le pregunte a mi amigo quien estaba terminado de ponerse un suéter blando sencillo, que normalmente usa para dormir.
–No lo sé, a veces me lo pregunto, pero luego recuerdo que es Alec y que es totalmente alguien muy egoísta–camino hasta la cama y se acostó en ella, yo ya me encontraba acostada, con la sabana hasta la mitad de mi cara. Me di media vuelta quedando de lado derecho, me encontré con la mirada dulce de mi amigo, acaricio un poco mi cabello y aparto algunos mechones de mi cara. –No te preocupes por eso –me beso en la frente –ven–abrió sus brazos y yo fui hasta ellos, me abrazo delicadamente, le devolví el abrazo y traté con todas mis fuerzas de no llorar.
–Gracias–susurre y acomode mi cabeza en su cuello. Él no respondió, no dijo nada luego de eso así que pensé que se había dormido, pero cuando subí mi mirada para verlo me encontré con su mirada perdida en algún punto fijo de la habitación–algún día alguien entrara a medianoche a tu habitación y me encontrara aquí–dije para llamar su atención.
–Nadie lo hará–asentí y volví a poner mi cabeza en su pecho. –Ya han pasado 6 años y nunca nos han encontrado.