Hoy era el gran día, todos estábamos muy nervioso, a Ángel de temblarle las manos, me senté a su lado y lo tomé de la mano, era cierto que no teníamos la mejor de la relación, ambos éramos de muy pocas palabras, pero de que lo quería como a un padre, no había duda alguna. Él me devolvió el apretón de mano y experimente una extraña sensación de seguridad en mi pecho como nunca lo había hecho antes. Me sentí segura y protegida como no lo había hecho nunca. Los hombres Miller estaban que ni el sol les quitaba esas pálidas, pero no era para menos. Hoy era la operación de Samantha y aunque quiera negarlo yo también estaba tan nerviosa como ellos. Todos conocíamos los riegos de la operación.
Ya había pasado las primeras semanas de clase, dos semanas desde que Alex y yo tuvimos aquella pequeña discusión, entre nosotros se abrió una brecha que no estaba allí antes, yo sabía que no podía seguir manteniéndole mi vida oculta, ya casi estaba curada por completo, aunque desde que hacía un movimiento brusco la costilla me dolía como la muerte. Me puse en pie y fui a sentarme al lado de mi mejor amigo.
–Tranquilo, todo va a salir bien–le susurro a mi amigo, puso su cabeza en mi hombro.
– ¿Tú crees? –asentí y le acaricié el cabello. Trataba de creerme que todo iba a salir bien, Samantha era lo más parecido que tenía de una madre y yo la quería como si lo fuera. Quería que ella saliera bien de esa operación.
Varios doctores se acercaron a nosotros, había uno que especialmente llamo mi atención, tenía un acento bien marcado inglés, por lo que no entendí mucho de lo que dijo. Entre los hombros estaba el señor que fue hace unas semanas a casa de los Miller, me quede mirándolo fijamente, algo de él me llamaba mucho la atención, no sé si eran esos ojos que me recordaban tanto a alguien. Uno de los doctores se presentó.
– Soy el doctor Rossetti, soy el doctor cabeza, así que toda la responsabilidad cae sobre mis hombros– llevaba un historial medico en sus manos, lo ojeo antes de volver a hablar con Ángel. –le prometo que allá dentro haremos todo lo que este a nuestro alcance. – el hombre miro a todos los presentes y cuando sus ojos se posaron en mí, juro por Dios, que dio un paso atrás y las pupilas se le dilataron. Me aclaro la garganta, sentí todas las miradas sobre mí, me removí inquieta en mi lugar. Permaneció mirándome por otros largos minutos, no sabía que hacer o decir, el hombre que estaba a su lado le toco el brazo y fue cuando dejo de mirarme. Cuando se fueron Ángel se giró bruscamente.
– ¿Qué diablos haces aquí? –su voz se escuchaba llena de rencor y odio, Alex y yo nos paramos y caminamos hasta ellos. – ¿Qué carajos haces aquí? – volvió hablar, fulminado con la mirada al hombre, este también casi le mata a Ángel con la mirada. Esto se iba a poner feo si alguien no lo paraba.
–Estoy aquí por Sam, no tengo que darte ninguna explicación–hablo enojado, Ángel lo golpeo en el pómulo derecho.
–No quiero–dijo el padre de los gemelos entre dientes muy enojado.
–No puedes echarme de aquí. No voy a devolverte el golpe porque me lo merezco, por el pasado, pero si vuelves a intentarlo, no me quedare quieto– esta vez su voz fuera neutral. Nos mire por encima de su nombro, permaneciendo más sobre. ¿Qué tenía en la cara? Que todo el mundo necesitaba mirarme más de la cuenta.
–No creas ni por un momento que me creo tú arrepentimiento, no después de todo lo que hiciste, principalmente a ella. – Alec tomo a su padre por el brazo y tiro de él.
–No te debo nada a ti, y voy a estar en esa sala de operación te guste o no, no puedes detenerme– Ángel volvió a llevar su mirada fulminadora al hombre que emprendía su camino para irse, pero tomo por el brazo a su oponente y con mucho rencor en su tono de voz dijo:
–Si le llega a pasar algo a Sam tú eras el culpable– el hombre tiro de su brazo y le dedico una última mirada antes de irse.
No comprendí nada de lo que acababa de pasar aquí. Alec se llevo a su padre de la sala, dejándonos solos a su hermano y a mí.
–¿Habías visto a tu padre tan enojado?
–Ni una vez en toda mi vida
…………….
Pensé que el tiempo se detuvo. Que las horas no habían pasado, pero era todo lo contrario, ya habían pasado tres horas y nadie salía a decirnos que pasaba allí adentro. Juro que a Ángel le salieron canas en estas tres horas, no dejaba de caminar de un lado para otro, tirando de su cabello, su cara era otra cosa, de enojada a triste y otra vez enojado. Alex estaba recostado de mi hombro desde hace un buen rato y Alec estaba en el mismo lugar que hace tres horas, no se movía, llegue a pensar que lo había pegado a la silla.
Y yo, bueno, trataba de estar lo mejor que se podía, para que mi amigo no se ponga peor de lo que ya está, pero la verdad era que los nervios querían acabar con mi bien estar. Creo que me he acabado todo el café de la cafetería del hospital de tanto que he bebido en este tiempo. Mi mejor amigo llevo su cabeza hasta mis piernas, así que las cruce una sobre la otra para que estuviera más cómodo. Comencé a acariciarle el cabello para tratar de tranquilizarlo. En este momento no se opuso a que lo hiciera porque no le dio importancia, en momentos como este era que podía tocar su cabello.
– ¿Estas bien? –le susurre cerca del odio, él negó con la cabeza –todo va a estar bien–Alex no dijo nada ni se movió. Le deje un beso en el pelo y lo abrace como pude. No sé por qué, pero levanté mi mirada, sentía como que estaba siendo vigilada, y me encontré con esos profundos ojos cafés oscuros, él aparto su mirada justó cuando se encontró con la mía. Sentí como el corazón se me encogió por un momento. Desde que me había descubierto saliendo de la habitación de Alex casi no cruzamos palabras.
Como una hora después fue que apareció el hombre de antes. A decir verdad, traía una cara que daba pánico ver, ojeras alrededor de los ojos, cabello despeinado, ojos rojos y cara pálida. Se acerco lentamente hasta donde estábamos. Todos a la vez nos pusimos de pie. Ángel fue el primero en hablar.
– ¿Cómo esta? –pregunto en un hilo de voz. El hombre bajo la cabeza y negó varias veces –Drake, maldita sea ¿qué paso? – ¡oh! esto era una novedad, Ángel diciendo palabrotas. Drake levanto la cabeza y su cara se volvió más pálida aun, se aclaró la garganta.
–Ella… Sam… le han podido extraer el tumor, pero…–se interrumpió.
–Por el amor de Dios habla–volvió a tacar Ángel.
– El tumor ya se había convertido en cárcel maligno –esas últimas palabras fueron como si el mundo se hubiera derrumbado para las personas que nos encontrábamos en la sala. Ángel se dejó caer en la silla a su lado. Escondió su cabeza entre sus manos y negaba una y otra vez.
–No, no, no, no, no–su voz apenas era un susurro, Alec se aclaró la garganta llamando la atención del hombro.
– ¿Ella está bien? –pregunto. Su voz esta vez no se escuchaba con ese tono que siempre usaba, esta vez era débil.
–Sí, pero no pueden asegurar nada por ahora, la van a dejar en intensivo por un tiempo–volvió hablar. Alex no decía ni hacia nada, era como si hubiese desaparecido, su cuerpo aún seguía a mi lado, pero su espíritu había abandonado su cuerpo. Tomé su mano y la apreté, él me devolvió el apretón, supe entonces que nada iba a estar bien.