- ¿Dónde vas? – la voz somnolienta de Candace me detuvo a mitad de las escaleras. No quería voltearme a verla. Eran las siete en punto de la mañana y Kyle me esperaba afuera. - A Nueva York – mascullé y seguí mi camino. Ella corrió tras de mí, me tomó de brazo y me volteó con fuerza. - ¿A hacer qué? - No te importa, Candace. - ¿Qué demonios sucede contigo? – gruñó, evidentemente confundida. Me tomé unos segundos para formular mi respuesta. No quería soltarle toda mi ira en la cara, no era lo más sensato, no después de mi escena la noche anterior. - Eso debería preguntártelo yo a ti. – dije con voz serena. Ella frunció el ceño, obviamente había entendido. – No sé cuándo vuelva, no me esperes. Agarré co

