El bosque no tenía caminos.
Solo raíces que intentaban atraparte, ramas que susurraban secretos, y sombras que parecían moverse cuando no las mirabas.
Corrí sin mirar atrás. Cada paso era un acto de fe, cada respiración un temblor. El frío se me colaba por debajo del abrigo, pero no importaba. Estaba fuera.
Fuera de esa casa.
Fuera de sus ojos.
Fuera de él.
Solo que… no estaba tan sola como creía.
—¿Ya te dignaste a escapar, princesa del drama?
Casi me da un infarto.
—¡Por los cielos, Elyn! —grité en voz baja, llevándome la mano al pecho—. ¿Qué diablos haces aquí?
De entre los árboles, apareció Elyn Rosenthal. Casi dos cabezas más baja que yo, pelo rizado teñido de rojo, botas de cuero con tacones imposibles para el bosque (¿cómo caminaba con eso?), y una chaqueta de piel que debía costar lo mismo que una casa.
—Por favor —dijo, abanicándose con la mano como si estuviera en una fiesta—. Sabía que en algún momento te ibas a escapar. Solo no pensé que esperarías tanto. ¿Una amenaza de muerte no fue suficiente para ti, cariño?
La abracé. Sin pensarlo. Sin preguntar. Porque en ese momento, ver su cara fue como encontrar aire después de estar bajo el agua.
Elyn me apretó contra ella.
—Dios, estás temblando. Pareces una ardilla con fiebre. Vamos, tengo algo mejor que abrazos sentimentales: comida, ropa limpia y un transporte esperando más adelante.
—¿Transporte? ¿Dónde lo conseguiste?
—Shhh. —Me puso un dedo en los labios—. Si te digo que fue robado de un millonario que engañó a su esposa con una modelo rusa, ¿me mirarás mal?
—¿Qué?
—Nada, olvídalo.
Reí. Por primera vez en días.
La seguí. Ella caminaba con paso firme, como si el bosque fuera su pasarela personal. No tropezaba. No dudaba. Tenía una linterna pequeña que iluminaba justo lo necesario, y en su mochila sonaban botellas de agua, barras energéticas y probablemente… ¿perfume?
—¿Cómo sabías que iba a venir por aquí?
—Por favor, Alisha. Te conozco desde que tenías trenzas. Sabía que si huías, no lo harías por la carretera. Irías al bosque. Siempre fuiste más zorra salvaje que paloma de ciudad. Solo que no lo sabías aún.
Me miró de reojo y sonrió.
—Y porque tu madre me escribió una nota antes de que te fueras. Muy críptica, muy poética. Pero decía algo como: "Si el lobo viene, deja las huellas hacia el norte."
Suspiré. Mis padres. Elyn. No estaba sola.
Y esa certeza me fortalecía.
—Gracias —le dije, con la voz apretada—. En serio. No sé cómo agradecerte.
Ella me pasó un brazo por los hombros.
—Agradece sobreviviendo, hermana. Porque si ese bastardo te vuelve a poner un dedo encima, juro que le meto un tacón en el ojo.
Y lo decía en serio.
Elyn conduce a Alisha hasta un vehículo oculto en un claro del bosque, donde la verdadera fuga apenas comienza.