Capítulo 4 "Energías extrañas"

1330 Words
Circe. Solté un vaho de aire frío, esta mañana me había despertado por el portazo que le había dado a la puerta James al salir del café, habían pasado muchos días desde que se apareció en mi puerta completamente ebrio. Esas actitudes estaban cansándome, no me había dirigido la palabra para nada más que lo importante, cómo temas del café, ya que él lleva las cuentas del lugar para ayudar a su padre. Porque sí James y yo hacía unos meses que nos llevábamos bien. Demasiado bien diría yo. Ok. James y yo habíamos tenidos algo así llamado a amigos con derechos, nada relevante, sinceramente sólo buscaba en él sexo y él en mí lo mismo, no había mucho que hablar sólo atracción física y para desahogarnos de nuestra triste soledad, pero fuera de eso teníamos una amistad algo amena sin problemas, hasta que consiguió novia, y yo me quedé solin solita. El problema empezó cuando James, comenzó a tener problemas en su relación, y aparecía en mi puerta en busca de consuelo, y luego al día siguiente se iba en busca de su novia, y no me dirigía la palabra en días como estaba haciendo ahora, así que todo se fue en picada cuando lo mandé de paseo en cuanto a esa situación, y pasamos de tener una amistad a sólo una relación de jefe-empleado algo extraña. No me malinterpreten, no sentía absolutamente nada romántico hacia James, pero si cierto desagrado a su cambios de actitud tan repentinas, era tedioso. Por otro lado el hombre rubio insistente, no había vuelto más al café desde el día en que quebró una de las preciadas tacitas de té de mi jefe, y desde que el hombre de ojos grises se apareció por el café, pero aún así luego de librarme del pesado del rubio, aún podía sentir una extraña sensación que me calaba el cuello, cuando caminaba de regreso a casa, en mi trabajo, e incluso en mi habitación, quizás sólo eran mis ideas, quizás era el agotamiento mezclado con energías extrañas, realmente no lo sé. Revisé el aparatito debajo de mi almohada tenía dos llamadas perdidas de Amanda, solté un bostezo para marcar el numero de vuelta. Un sonido en mi puerta me detuvo de pronto. Fruncí mi entrecejo a la puerta de mi habitación. Revisé mi reloj de pared, a penas era las 7:30 am. Podría ser la señora Cecilia, en busca de un acompañante al supermercado, la verdad no me molestaba una salida con La señora Cecilia, siempre tenía temas interesantes de que hablar. Me apresuré a hacerme una cebolla en mi cabello, para irme directo entrada. Los golpes en la puerta eran más fuertes. — ¡Voy! —Grité. Abrí rápidamente la puerta. Y en mi umbral estaba envuelta en una gruesa chaqueta de color turquesa, el cabello largo y rubio algo desordenado y los ojos verdes opacos, observándome con una sonrisa estampada en su rostro. — ¡Domingo de resurrección, cariño! —Canturreó con picardía, guiñando uno de sus ojos perfectamente maquillados. La observé un momento anonadada y entrecerré mis ojos — ¿Qué haces aquí tan temprano? —Estreché mis ojos sospechando. Con un movimiento rápido me apartó y se hizo pasó a mi sala, y se tumbó en mi sofá. —Vengo a visitar mi amiga. — ¿No deberías estar en Vermont con tu novio? —Inquirí cerrando de nuevo mi puerta para sentarme junto a ella. Hasta que me di cuenta de algo—Oh no—Musité. Sus ojos, se cristalizaron por un momento, y no pude evitar sentirme culpable, por haberlo dicho de manera tan abrupta. De su bolsa, extrajo una botella de Brandy su favorita. — ¿Qué pasó? —Pregunté preocupada, ya que no despegaba la mirada de la botella. —Se ha ido—Murmuró muy bajo, tomó un profundo respiro y continúo— ¿Recuerdas que te comenté que sospechaba algo, pero que al final, decidí zanjarlo a que era parte de mi paranoia?—Soltó una pequeña risa amarga desviando la mirada a mí ventana. Me destroza escuchar el tono de voz que estaba usando, Amanda era una chica muy expresiva y emotiva, y verla tan… apagada tan de pronto me hizo sentir muy mal quería ayudarla. Iba a consolarla cuando noté como fruncía su entrecejo hacia mi ventana. — ¿Fumas? —Preguntó, cambiando por completo el tema. — ¿Ah? No—Respondí confundida por el cambio de tema tan repentino, ojeando la ventana nuevamente. —Me pareció oler humo de cigarrillo—Limpió una lágrima que se había escapado y volvió a mirarme restándole importancia de nuevo a la ventana. —¿Y bien, te apetece ir de compras y luego a una pequeña reunioncita? Por el cambio repentino de tema, entendí que no quería seguir hablando de su ex novio, así que decidí dejarla tranquila, después de todo Amanda siempre cubría y ocultaba su dolor haciendo cosas que le encantaban. Pero luego hablaríamos de ello. Sonreí divertida, intentando darle ánimos. — ¿Podrías recordarme en tu diccionario que significa reunioncita? —Inquirí elevando mi ceja. —Fiesta—Chilló con una sonrisa perfecta. Rodé mis ojos. No me gustaban las fiestas, demasiada gente, demasiado alcohol, demasiada gente haciendo el ridículo debido al alcohol, pero quizás podría hacer una pequeña excepción por ella, sólo por hoy. Amanda había sido increíblemente amable cuando llegué a la ciudad, me agradó de inmediato, nunca había podido congeniar muy bien con las chicas en mi antiguo hogar, me habían marginado por algún motivo a pesar de que todas estábamos en la misma situación y también por lo que sucedió… evaporé rápidamente esos pensamientos, Amanda se había ganado mi confianza en muy poco tiempo, era a la primera persona que recurría cuando no entendía algo en la ciudad, ayuda o compañía, se había vuelto en mi mejor amiga, una creí poder conciliar con una chica tan perfecta como lo era ella. Amanda tomó la botella de mi mesita, para abrirla de un tirón, de pronto me observó tan fijamente como si acabara de recordar algo que se le había pasado y luego entrecerró sus ojos como una investigadora loca. —Cuando llegué—Soltó modulando su voz exageradamente, no pude evitar rodar los ojos—James salió de un portazo, todo desaliñado ¿Qué le hiciste, salvaje? —Canturreó la última palabra. Y no pude evitar soltar una risa. Amanda Seguía muy metida en su papel de investigadora. —Nada—Dije con simpleza, pero claro, era Amanda, quería saberlo todo. —Discutió con su novia…—Comencé. —Ah—Exclamó restándole importancia categóricamente con un ademán de su mano—Espero que no le hayas abierto la puerta durante estos días—Enarcó su ceja en espera de mi respuesta. —No—Respondí solemne con una sonrisa de labios. —Genial—Me felicitó, llevándose el pico de la botella a su boca. Sin querer, torcí el gesto, y Amanda lo notó girando sus ojos. —Lo sé, Lo sé—Decía mientras iba hacia mi cocina en busca de un vaso de vidrio—Iré por mi vaso—Dijo mientras rebuscaba entre mi pequeña vitrina junto a la ventana. Le sonreí agradecida, me conocía a la perfección Mis pies se comenzaban a entumecer en el agua, mientras aún preparaban el cabello de Amanda, estábamos en el centro comercial, me había convencido para que nos diéramos un “retoquito” como ella le llama. El lugar en sí era espectacular, todo era blanco, n***o, dorado y pequeños tonos de rosa pastel. Las baldosas del piso eran tan blancas que me sentí sucia pisándolo con mis viejas botas. Al parecer a la fiesta a la que iríamos era, en realidad un cumpleaños de un chico universitario, compañero de Amanda que había estado tirándole la onda. Y claro a mí querida amiga le pareció perfecto ir a una fiesta de universitarios fuera de control, genial.
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