Que ilusa fui al pensar que la primera víctima del monstruo había sido el Guardián, cuando en realidad, desde mi nacimiento, la naturaleza monstruosa de mí ser se puso en manifiesto por medio de una aberración indecible, al darle muerte a la mujer que me trajo a la vida. El nivel de agonía que ya experimentaba antes de leer aquello, difícilmente podía haberse incrementado, por eso, la revelación de aquellas páginas, no hizo sino dimensionar el dolor de una forma mucho más visceral y animal. Cada resquicio de mi ser se desbordó de una conmiseración de odio auto complacido. Me odiaba a mí misma, y al odiarme me sentía bien. Y es como podía no odiarme, si yo había sido capaz de dar muerte a la mujer que debió ser mi madre, al hombre que debió ser mi padre y al chico que debió ser mi amado

