El silencio que reinaba en el restaurante era pesado. Cuando todo el personal miró que Maxwell se encontraba herido, fue que decidieron actuar y se armaron de utensilios de cocina. — ¡A ella, chicos! Grace, que era la que los lideraba, tomó harina y se la lanzó a Penélope; también le agregó agua y cuánta cosa de comida se le pudiera atravesar. La supuesta víctima tenía en su pelo caracoles, mariscos e incluso pasta. — ¡Denle duro para que sepan que no se pueden meter con uno de nosotros! En el momento en que Penélope miró cómo los trabajadores se iban a lanzar en contra de ella, fue que salió corriendo como si el diablo la viniera siguiendo. — ¡Eso, huye, salamandra despreciable! Grace miró cómo ella se alejaba mientras dejaba un rastro de comida y agua por donde pasaba. Luego de est

