Capítulo 8.

921 Words
¿Qué mierdas acabo de decir? pensó Damien percatándose de la oferta que le había hecho a su interna. No comprendía en que momento se le ocurrió la maravillosa idea de mencionar que tenía un cuarto libre y más aún de invitarla a dormir en su propia casa. Pero debía admitir que verla triste, decaída y bastante melancólica le despertó una necesidad imperiosa de cuidarla y volver a verla tan feliz como había estado como cuando salieron del quirófano tan triunfante. Además, cuando escuchó como aclaró el hecho de que es adoptada algo en él se removió, su familia era bastante grande con hermanos y hermanas entre esas su madre había tomado la decisión de adoptar y él mejor que nadie conocía como darle una familia nueva a alguien que nunca tuvo eso, les cambiaba la vida. También sabía que la discriminación por ese mismo tema era bastante duro, su propia hermana fue víctima de eso en la escuela que le constó muchas sesiones de terapia para poder superarlo. Ahora algo que él percibió y que le gustó mucho menos fue ver la indecisión de volver a su casa, con su familia, con sus padres quienes se suponen deben ser sus protectores y las personas que le den confianza y resguardo. Le pareció comprender que quienes la hacían daño era su propia familia y era por eso su deseo de no volver a casa. Si ese fuera su verdadero problema, comenzaba a comprender algunas cosas un poco mejor, entre esas su carácter y su forma tan reservada. Y eso con más razón dio fuerza a su decisión. La ayudaría, quizás no era una idea bastante brillante involucrarse de esta forma con una interna y mucho más teniendo en cuenta que esa persona lo hacía reaccionar de formas totalmente ajenas a él, pero no podría dormir en paz no sabiendo como está y porqué cosas estaría pasando. Se arriesgaría pero aprovechará para poder conocerla mejor y de una forma más personal e íntima. Podrá conocerla como una mujer y no solo como médico y ver qué es lo que la hacía tan diferente a las demás mujeres con quienes se ha cruzado y no le provocan las mismas reacciones. — ¿Qué me dices? — preguntó, más seguro de la decisión que había tomado — No estaré en paz si no vienes conmigo porque no sabré si vas a tu casa o te quedas vagando por ahí. Damien la mira y ve cierta indecisión en sus ojos, no podía verlo fijamente y podía notar lo nerviosa que se encontraba porque sus manos abrazaban fuertemente la taza. Acercó una de sus manos y con los dedos rozó la de ella logrando que enfocara la mirada en él y pudiera soltar un poco su fuerte agarre. — Anna, no puedes dar vuelta viendo si volver o no, has estado trabajando por 72 hs, sabes perfectamente que no es sano. Además, prometo que no preguntaré cosas que no quieras contarme, es más, si decides que ni siquiera quieres hablar está bien por mi, vas a dormir y luego cuando estés más descansada vas a tu casa y listo. Pudo ver como sus ojos se dilataban con sus palabras hasta que en cierto momento tomó su decisión ya que lo notó por la forma en que lo miró. Decidida. — Aceptaré tu invitación, pero por el momento no quisiera hablar del asunto. Podría ser más adelante cuando esté más lista, ni siquiera Génesis conoce mi situación real así que si puedes estar bien con eso, te lo agradezco mucho. Damien veía como suplicaba con sus pequeños ojos vidriosos, se decidió por fin y tomó sus manos entre las suyas y dándole la mejor de sus sonrisas asintió. — Perfecto, termina de desayunar y vamos, no estoy lejos de aquí. ¿Tú vives lejos? — No, estoy a 20 minutos en auto. — Imagino que tus padres saben que estás en el hospital pero no saben cuando salías. — Así es. — Bien, escucha. Te quiero pedir un favor, no es que me avergüence de ti ni mucho menos lo que quiero es ayudarte en esto, pero ya sabes como las cosas se malinterpretan y en el hospital es muy común que se tergiversen las historias, entonces lo ideal es que no digas nada sobre esto. Podrás ir a casa siempre que lo necesites, no tengo ningún tipo de compromiso así que fuera del hospital no tengo problemas, pero ser el jefe de cirugía implica algunas reservas acerca de mi vida personal para que luego no anden diciendo cosas que no son por los pasillos. — Damien — lo silencia presionando una de sus manos logrando que él se callara y mirara su pequeña sonrisa que se había dibujado en su rostro — No tienes ni que decirlo ni tampoco debes explicarte conmigo. Te agradezco tanto por esto que no te imaginas, pero lo que menos deseo es tener problemas y mucho menos meterte en problemas a ti. — Bien, si quieres puedes decirle a tu amiga para que por lo menos alguien sepa donde estás. Vio como Anna pensó un momento en sus palabras y luego buscó su teléfono para enviar el mensaje de una vez. Cuando lo hizo lo miró a los ojos y él pudo ver como toda esa tristeza que le había invadido había desaparecido, estaba mucho más animada y todo era gracias a él. — ¿Lista? — preguntó. — Si — dijo ella muy sonriente bebiendo su último sorbo de café.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD