Martín. Estoy en la casa con mi hijo alimentándolo en el sillón, y no puedo dejar de pensar, todo me molesta, todo me hace enojar al grado de putear sin parar, ¿Qué carajo me pasa?. Miro a Efraín y decido escribirle a Brisa, la llamo y llamo pero no me atiende, deja que el celular suene. —Bueno hijo... Voy a tener que ponerme los pantalones e ir a buscarla. —balbucea y se ríe mostrando dos dientes que le están saliendo—. Tenemos que ir a verla y pedirle perdón. —me rio cuando veo su cara—. Mas bien yo le tengo que pedir perdón porque no hiciste nada... No te puedo echar la culpa de nada hijo. —agarro el bolso y las llave—. También tengo que pedirte disculpas por hacer lo que hice hijo. —una vecina que va pasando me mira raro—. Buenas tardes señora. —Buenas noches. —dice enojada. —

