La mira del arma de Abel estaba directamente sobre él, apuntándolo, marcándolo como el siguiente que moriría por su mano. El problema era que conociendo como conocía a los hombres de la calaña de Dominic, no la dejaría ir, y tampoco negociaría con él. No era el primer corrupto, ni el primer hombre “de negocios” que estaba ensuciándose las manos con mujeres que no dejaban irse. El abuso de poder que ejercía, era una manera de mantenerlas presionadas y alejadas de sus salvaciones. Dominic usó a Hannah, la envolvió, y se apoderó de ella por diez años más. Hannah no pensó en que su vida pudiera ser diferente hasta que Abel llegó. Todo su panorama cambió, y era justo que ella también recibiera un poco de dosis de amor puro y bonito. —Hay maneras, somos caballeros, podemos negociar —dijo Domini

