—Feliz medio año —le dijo Silver a Allan cuando le entregó un oso de peluche como el que su madre le dio cuando era niño—. Me pareció lindo darte algo que sé que te encanta. Para ese punto, se conocían lo suficiente como para que ella conociera mucho de su pasado, de su niñez y de quien era Allan James fuera de ser el chico bueno que le encantaba. Esa relación iba muy bien. Después de los altibajos, de las situaciones impensables, de ese “estorbo” por la edad, por lo que dirían de ella por estar con él, de lo que Katherine pensara de ella, e incluso de lo que los padres de Silver pensaron cuando ella le dijo que estaba siendo monógama en una relación con un chico llamado Allan. Silver lo llevó a los Hampton donde vivían sus padres, y le presentó a su hermano. Su padre tenía un agarre fu

