Diez años después Las piernas tonificadas y largas de Katherine reposaron a ambos lados de un largo y reluciente tubo de metal. Sus dedos se enroscaron y su cintura se movió, como solo alguien que llevaba dieciséis años bailando podría hacerlo. Los pies se deslizaron por el tubo, su pecho rozó arriba y abajo y de un golpe se abrió y cayó contra el piso. El hombre ante ella sonrió ladeado y soltó el humo de su cigarrillo. Katherine arrastró sus palmas y sus rodillas por el piso, alzó el trasero, las piernas y comenzó a menearse contra el piso. Sus dedos llegaron a su cabello cuando giró y alzó las piernas antes de abrirlas, cerrarlas y cruzarlas. Su cabello rubio resbaló por el piso, y sus piernas se flexionaron para que sus manos bajaran por su torso hasta su entrepierna y de regreso a su

