Katherine se sentó en la silla donde le bailaba a sus clientes, el domingo en la madrugada. Estaba cansada, necesitaba un baño de burbujas y una copa de vino. Fue una semana brutal, y necesitaba descansar, aunque fuese una noche. Esa noche fue movida. Tuvo más clientes de los que solía tener los fines de semana, y llevaría mucho dinero a casa cuando regresara. Lo bueno de ese trabajo era que mientras más hiciera, más ganaba, y a ella le gustaba ganar. Katherine estiró las piernas, movió el cuello y desplazó sus manos por su pecho hasta sus muslos. Era cierto que con un poco de licor bailaba mejor, y necesitaba más que solo un sorbo. La puerta de su habitación se abrió y Katherine giró. El hombre que se acercaba a ella llevaba un cigarrillo encendido y una chaqueta oscura. Katherine se end

