La verdad era que no quería pensar en lo sucedido aquella mañana. No quería pensarlo, ni hablar de ello, menos recordar todo aquello que el cretino me hizo sentir en menos de una hora. Además me sentía tonta. Tonta por haber confiado en él, por haber creído por unos instantes que sí me quería, y por haber creído que lo quería yo a él. El lunes no desperté muy contenta, no quería ir a clases y enfrentarme a Liam y a sus preguntas sobre el fin de semana. No quería que preguntara qué tal estuvo la mudanza, ni menos si hicimos algo aparte de ello o no. Subí a mi carro y conduje lentamente hasta llegar a la escuela, aparqué, tomé mi bolso y entré caminando con más lentitud de la normal. Me sobresalté cuando Kim me saludó. - Madie, ¿Qué tal tu fin de semana? Porque si preguntas por

