Narra Carlos Me detuve frente al almacén y dejé el auto a un lado, sin siquiera detenerme para apagarlo. Meisy todavía no había contestado su teléfono y yo esperaba con todas mis fuerzas que hubiera salido del edificio después de tomar y enviar esas imágenes. El pánico se apoderó de mi pecho cuando abrí la puerta de golpe y entré en el espacio cavernoso, viendo a mi padre en el centro de la habitación, mientras sostenía una pistola en la cabeza de mi esposa. —¡Quítate de encima de ella! —grité, sacando mi pistola de mi cinturón y amartillándola mientras apuntaba a mi padre. Unas tenazas me apretaron el pecho cuando vi que el rostro de Meisy se ponía morado, que tenía un corte en el labio y sangraba por la nariz. La rabia me invadió y tuve que hacer un gran esfuerzo para no apretar el

