Tobías condujo con dirección a su casa, tenía muchas ganas de ver a su madre y abrazarla muy fuerte. A pesar de las diferencias que podía tener con ella, la amaba y solo deseaba hacerle entender que Sarah era la mujer de su vida. Sabía que su madre quería lo mejor para él y que terminaría aceptando sus deseos, por que él se encargaría de demostrarle que realmente amaba a aquella mujer y que el problema de salud de Sarah no era un impedimento para amarla.
Tobías entró en su casa y le entregó su saco a la sirvienta, desordenándose la parte de atrás del cabello y estirándose un poco, tenía cada maldito músculo tensionado; había pasado horas en la oficina trabajando en los pendientes que habían quedado mientras estuvo de viaje, revisando nuevas empresas y sonriendo ante otras victorias que alcanzó. Como S&S Corp. Había adquirido esa empresa por un valor relativamente bajo y con eso y no tenía rivales en el rubro.
Tobías tenía que admitir que ese movimiento había sido brillante, compró la empresa justo en su momento de quiebra después de su extensa lucha por derrumbarla y ahora la tenía bajo su poder, un punto más su crecimiento. Ahora Stornent Inc. estaba en la cima, disfrutando lo que antes era de S&S Corp. y no podía esperar para anunciarlo al mundo. Stornert Inc. era la empresa más exitosa en todo Chile, Latinoamérica y ahora, al apoderarse de S&S Corp. se extendía al resto del mundo, todo esto hecho por su mano. Honestamente agradecía enormemente la muerte de Edmundo Sepúlveda, con él vivo habría sido imposible apoderarse de su imperio.
—Al fin has llegado, bebé —Tobías saltó y se giró, mirando a su madre. La mujer tenía los brazos cruzados, el suave vestido de seda n***o envolviendo suavemente su cuerpo esbelto, su cabello n***o amarrado en una coleta alta, haciéndola lucir distinguida.
—Buenas noches, madre -saludó Tobías.
—¿Qué tal tu viaje? —Se acercó a su hijo para envolverlo en sus brazos, Tobías la abrazó con fuerza y besó cariñosamente su mejilla.
—Exitoso, tal cual como se esperaba —respondió el moreno, separandose de su madre para acercarse al bar y sacar una botella de whisky, necesitaba un trago si iba a hablar con su madre de Sarah.
—Espero que hayas pensando en lo que hablamos antes de que te fueras, bebé. —Angeline se sentó en el amplio sillón cruzando las piernas con elegancia.
—Y yo espero que tú hayas pensado en lo que te dije, mamá -replicó el moreno, sirviéndose una copa de whisky y bebiéndola de un solo trago. Angeline apretó los labios con disgusto, pensó que ese viaje serviría para que su hijo pensara con claridad.
—Sarah está enferma, será una esposa débil y morirá mucho antes de que pueda darte hijo. ¡Esto es inaceptable, Tobías! —Replicó ella con crudeza y Tobías apretó los labios, fulminándola con la mirada.
—Sarah me ama y yo la amo a ella, eso es lo único que me importa, madre y es lo único que debería de importarte a ti también ¿O es que no quieres la felicidad de tu hijo? Me cuesta creer que seas tan egoísta...
—¡Por supuesto que quiero eso, Tobías! Pero tú no lo entiendes, Sarah es solo una fantasía tuya, nunca serás feliz con ella. Esa mujer no reúne las cualidades para hacerte feliz —la desesperación era palpable en su voz.
—¡Eso lo debería decidir yo, —Replicó él con rudeza. Realmente oír los patéticos argumentos de su madre lo enfurecía. —No voy a casarme con nadie más que no sea ella, ten eso por seguro. —El semblante de Angeline se tornó gélido y su mirada decidida, su rostro se vació de emoción y Tobías no pudo evitar el estremecimiento de miedo que lo recorrió.
—¿Entonces quieres hacer las cosas por las malas? Bien. Ya escogí con quién te vas a casar, es una joven bellísima y educada, de buena clase y con un apellido respetable. Ella vendrá con su familia la próxima semana, realizaremos una cena en el club, dónde daremos el anuncio a las personas más allegadas de nuestro círculo. Cuando la veas quedarás fascinado con ella...
—¡No me voy a casar con quién tú quieras, madre! —Gritó histérico.
—¡Lo harás, Tobías! —Exclamó ella con vehemencia, acercándose peligrosamente al joven. —Lo harás, Tobías o de lo contrario, olvídate de seguir portando el apellido Stornent -el moreno palideció ante la amenaza de su madre. Realmente ella sabía cómo presionar y de que manera orillar a alguien al borde del precipicio.
—No puedes hablar en serio —murmuró consternado.
—Es muy en serio, Tobías. Me conoces hijo y sabes perfectamente que no bromeo con este tipo de cosas.
—¡Quítamelo si quieres entonces, eso no hará que te obedezca! ¡No me casaré con nadie que no sea Sarah! —Se mantuvo firme, no se dejaría amedrentar.
—¿Se te olvida que sin el apellido de tu lado, todo lo que has logrado se derrumbará? Ahora eres un Stornent con todos los honores, todos quieren hacer negocios contigo, estás en lo más alto de la escala social, pero si te deshonramos públicamente, se te cerrarán todas las puertas, porque aunque tú estés fuera, la empresa sigue siendo la más poderosa del mundo y nadie querrá hacer tratos contigo.
—¿Y quién tomaría mi puesto? —Sentía que le faltaba el aire en los pulmones.
—Raúl, por supuesto —respondió ella con naturalidad y Tobías bufó indignado.
—Raúl es mi amigo, jamás me haría algo como eso. —Miró a su madre con el ceño fruncido.
—Un amigo que jamás ha apoyado tu relación amorosa con su hermana y tú lo sabes. —Tobías se quedó callado, apretando los puños con rabia y frustración. —Harás lo que te digo, Tobías, no me obligues a llegar a tales instancias. Ahorramos ese dolor tanto a tu padre como a mí.
—¡No estoy enamorado de ella, madre! ¡Ni siquiera sé quién es! —Gritó Tobías, sintiéndose acorralado.
—Su nombre es Rayen Sepúlveda. —Tobías la miró con la boca abierta. Su madre no podía estar hablando en serio.
—¿Rayen Sepúlveda? ¿Rayen Sepúlveda se supone que es esa persona respetable? ¡Es una niña, madre! ¡Acaba de terminar la maldita escuela! —Gritó desesperado.
—Tiene la edad perfecta para casarse y ya cerré el trato con Sofía. No hay vuelta atrás. —Dijo tajante.
—¿Y qué demonios se supone que somos nosotros? ¿Mercancía a la cuál comprar o vender? —Preguntó con rabia.
—¡Cuidado con tu tono, jovencito! —Dijo ella en tono amenazante y él retrocedió instintivamente. —Sofía y yo queremos lo mejor para ustedes y creemos que esto será beneficioso para todos.
—No voy a casarme con una completa desconocida, madre.
—Es ella o nadie, Tobías. He tomado mi decisión y tu padre la apoya totalmente. —Dijo Angeline, su tono de voz determinado le provocaba escalofríos al más joven.
La mujer se marchó y Tobías se quedó en el mismo lugar, furioso como jamás lo había estado antes, el vaso en su mano salió volando y se estrelló contra la pared, rompiéndose en cientos de pedazos mientras un grito salía de su garganta. Tobías respiró agitadamente, sus dientes y puños apretados mientras observaba el desastre a sus pies.
"Rayen Sepúlveda, aprenderá de mala forma que jamás debió haberse metido en mi vida, la haré sufrir por lo que ha hecho, la haré ser la persona más miserable que haya pisado esta maldita tierra y conseguiré que me dé el divorcio. Lo juro" Pensó Tobías, sus ojos verdes brillando con la fuerza de la promesa que acababa de hacerse a si mismo.