Capitulo 6

1782 Words
Julieta Vallejos, caminó con pasos calmados hasta el salón principal, tocando a la puerta dos veces antes de pasar, buscando con la mirada a su tía Angeline. La mujer de cabellos negros se encontraba sentada en un cómodo sillón, una taza de té estaba en su mano y su vestido verde agua flotaba bellamente a su alrededor. Toda ella irradiaba elegancia. —¿Me llamaste, tía? —Angeline alzó la vista y sonrió, invitándola a pasar. Julieta era su única sobrina y la luz de sus ojos. —Julieta, mi querida niña, tengo una tarea importante que encargarte —dijo y señaló la silla frente a ella, dónde la chica se acomodó. —Con mucho gusto tía, te ayudaré en lo que necesites. —Esbozó una pequeña sonrisa. —Verás, después de mucho pensar en esto y estudiar las posibles candidatas, he elegido a la prometida ideal para mi hijo. —Julieta ensanchó los ojos ante el asombro de tal confesión —ella vendrá este fin de semana y quiero que todo esté perfecto. —Perdona mi ignorancia, tía, pero... ¿Prometida? ¿Tobías va a casarse? —"¿Con alguien que no es Sarah?" Completó en su interior, sintiéndose confundida. —Sí, he elegido a Rayen Sepúlveda como la perfecta compañera de vida de mi hijo. Ella reúne todas las cualidades que él necesita. —Julieta alzó ambas cejas. Estaba sorprendida por todo y a su vez se sentía indignada con la situación. ¿Cómo era posible que su tía no respetara las desiciones y sentimientos de su hijo? —¿La hija de los Sepúlveda, tía? ¿Con todos los rumores que han estado corriendo sobre esa gente? ¿Con todo lo que ama Tobías a Sarah? —Dejandose llevar por las emociones que la embargaban en ese momento se puso de pie y su tono de voz se elevó en varios niveles. —Mi hijo está encaprichado con esa chica, no sabe lo que es el amor y una madre siempre toma la mejor decisión. Se de lo que hablo, Julieta —dijo con un poco de dureza en su tono y su mirada se tornó fría e indiferente. —Tobías se casará y quiero que organices la cena perfecta para recibir a nuestras invitadas, Julieta. No me decepciones, te pago una gran suma de dinero para que te hagas cargo de las relaciones públicas de nuestra familia. —La joven se tragó su protesta y asintió, levantándose y saliendo del salón. Apenas salió de la presencia de su tía, ella sacó su celular y marcó rápidamente. —Hola. —Contestaron con voz perezosa. —¿Sabías lo de Tobías? —Preguntó ella sin saludar y escuchó el suspiro de su amigo por el teléfono. —Me lo dijo hace poco. —Mi tía Angeline ha perdido la cabeza, eso es seguro ¡Tobías está enamorado de Sarah! ¡Tenemos que hacer algo para ayudarlo, no podemos permitir que le obliguen a contraer matrimonio con esa zorra oportunista! —Caminaba de un lado al otro con la espalda algo encorvada y su abultada cabellera castaña cayendo por sus hombros y parte de su rostro. —Oh por Dios, no empieces tú también con eso, por favor. Se supone que eres inteligente, Julieta, Tobías simplemente está encantado con Sarah, va a romperle el corazón en cualquier momento. —Espetó Raúl, perdiendo algo de su paciencia. Ya estaba cansado de oír hablar del dichoso tema. —¿Cómo puedes decir eso de tu amigo, Raúl? Se aman desde que son unos críos, no puedo creer que pienses de ese modo. ¿Con que derecho te atreves a juzgar lo que ellos sienten? —Apretó los dientes llena de rabia. —Tobías sabe perfectamente lo que pienso al respecto y me pondré del lado de mi tía. Tobías va a casarse y debería aceptarlo de una vez. Que deje de hacerle falsas ilusiones a mi hermana, por que sus promesas absurdas no los llevarán a ningún lado. —Julieta se estremeció ante el tono tan rudo que empleó su amigo. —¿Has pensado acaso en tu hermana, Raúl? —Cuestionó la castaña agitadamente. -Siempre pienso en Sarah, Julieta y esto es lo mejor que ambos pueden hacer, los dos se han enamorado de un sueño y ninguno ve la realidad. La relación que ellos sostienen no es real. Se ven un par de horas a la semana, en todos estos años juntos solo se han dado un par de besos y todo lo que comparten son ilusiones. —Contestó Raúl con extremada calma, conservando su perfecta compostura, aunque por dentro se sentía demasiado angustiado. Tobías, Julieta y Raúl se habían conocido desde niños, sus familias habían sido amigas entre sí desde niños, la madre de Julieta era hermana de Angeline y fue natural que se volvieran amigos. Los tres asistieron al mismo colegio y siempre se llevaron muy bien. Tobías era el chico popular, su familia era la más influyente y aunque nunca se aprovechó de eso, los demás siempre lo respetaron, lo seguían en todas sus aventuras y siempre lo apoyaban en todo; fue desde ahí que Tobías empezó a crear su pequeña red de conexiones, empezó con pequeños trueques, por notas o favores a cambio de cosas caras. Se volvió un excelente negociante y pronto Tobías se abrió camino hacia sus familias, expandiendo sus influencias. Él era un natural, un líder innato. Julieta, era una chica de carácter fuerte, se desarrolló en todos los cursos de política y economía que pudo tomar, su vista siempre fija en entrar al gobierno y en la actualidad mientras estudiaba ciencias políticas en la universidad se encargaba de las relaciones públicas de la familia de su tía; también era la mejor amiga de Tobías. Siempre lo respaldaba en todo y fue la primera en apoyar su enamoramiento por Sarah, verlos juntos la hacía feliz, ya que siempre vió a la pelirroja como una hermana y quería verla feliz. Raúl, era más que su mejor amigo, era su mano derecha, su hermano. Raúl, tenía una personalidad calmada y relajada que hacía a los demás sentir en confianza, era el socio perfecto de Tobías y entre ambos habían conseguido muchos contratos millonarios desde que empezaron a trabajar juntos en Stornent Inc. Raúl adoraba a su hermana, la había cuidado desde que había nacido, sobre protegiéndola en muchas oportunidades y algunos pensaron que sería feliz cuando descubrió que Tobías fijó sus ojos en ella. Pero Raúl era un experto en sentir el peligro, supo de inmediato que esa relación no traería nada bueno y trató de disuadir a ambos sutilmente, pero la joven pareja era terca, no escuchaban razones, Raúl estaba seguro de que eso no acabaría bien para ninguno y eso lo tensaba, no quería tener que recoger los trozos de su hermana. —No te estás comportando como su mejor amigo —acusó Julieta. —Tobías confía en ti, tienes que apoyarlo... —No, no apoyaré esto. Me estoy comportando como hermano, Sarah es lo primero para mí, pero está siendo terca al igual que Tobías sobre esto y al final tendrá que ser herida, recién ahí verá su error. —Dijo con frialdad, ya bastante cansado de tan estúpida discusión. —Tengo trabajo que hacer, Julieta, hablaremos después —la castaña se quedó mirando su celular sin poder creerlo. ¿Qué mierda le pasaba a Raúl por la cabeza? —Es increíble —resopló indignada, apretando los puños y saliendo de la casa furiosa. Sin esperar respuesta por parte de su amigo cortó la llamada y guardó su teléfono celular en su bolso de manos. ••• Rayen estaba cansada. Había pasado todo el día encerrada en la oficina de la casa, revisando papeles, boletas, pagos y números... Eran tantas cosas que podía sentir un enorme dolor de cabeza. No tenía idea que hacer para salir de tremendo embrollo, no deseaba contraer matrimonio con Tobías Stornent y para evitar ese desastre debía encontrar alguna solución al problema financiero que las aquejaba. ¿Cómo había hecho su madre para quebrar la empresa tan rápido? El patrimonio que la familia Sepúlveda construyó por generaciones, un patrimonio totalmente sólido. Rayen tenía un mal presentimiento, pero no sabía lo suficiente como para descubrir la pollería detrás de todos esos documentos. Necesitaba investigar más, aprender varios términos que le resultaban desconocidos. Necesitaba ayuda y asesoramiento, pero en este momento no tenían como costear aquello. —Esto es un infierno, un maldito infierno —pensó para sí misma, sintiéndose cansado y frustrada. —¿Rayen? —su madre tocó la puerta y asomó la cabeza, Rayen le dedicó una temblorosa sonrisa, la mujer entró llevando una taza de té entre sus manos. —¿Puedo pasar? —Por supuesto, madre —asintió la rubia, bajando los papeles y dejándolos a un lado. —Toma asiento mamá, acompáñame un momento. —Te preparé algo de tomar, querida —dijo con dulzura, colocando la taza en el escritorio. —Es un té de menta, te ayudará con los nervios y el estrés. —Gracias —contestó con un suspiro, apoyándose en la silla y recibiendo la taza de té, deleitándose con su aroma. —¿Cómo vas con todo esto? —Rayen frunció los labios, para luego beber calmadamente un poco de té. —Todavía queda mucho que hacer, no sé si lo pueda resolver a tiempo antes de esa cena —admitió en voz baja. —Necesito asesoramiento... —Tobías Stornent será un perfecto marido, querida, ya lo verás, no tendrás que preocuparte por nada de esto. —Intentó convencer a Rayen, acariciando el cabello rubio de su hija, quién se tensó inmediatamente ante las palabras de su madre. —No es eso lo que yo quiero, mamá, quiero poder ser más, ser alguien por mí misma. No seré solo la esposa de alguien. Entiende mi postura, por favor —replicó la rubia con frustración, bajando la cabeza, sus ojos azules inundados por las lágrimas. —Siempre pensé que me casaría enamorada, que formaría una familia amorosa y sería feliz. —Pero hija, con Tobías tendrás todo eso. Él es un gran hombre, te amará y cuidará de ti. —Contraatacó. —¡No, madre, no lo tendré! No estoy enamorada de ese hombre y no creo que nunca lo esté, el amor no funciona así. —Rayen se masajeó las sienes completamente frustrada. —Tengo mucho que hacer todavía —dijo a modo de despedida y Sofía se calló, saliendo de la oficina con suavidad. Rayen tomó un sorbo de su té, intentado relajarse y continuó revisando los papeles, anotando cualquier cosa que le llamara la atención.
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