Tobías bajó la mirada hacia su copa de vino, moviéndola lentamente entre sus dedos y perdiéndose en su color oscuro. La reunión había terminado hace unas horas, pero se sentía incapaz de dormir, además de que podía sentir como una gran jaqueca empezaba a formarse tras sus ojos, mandándole punzadas de dolor. Lo había hecho. Se había arrodillado frente a esa niña y le había ofrecido el anillo familiar. Anillo, que soñó con colocar en el dedo de Sarah el día que le pidiera matrimonio, ese precioso anillo de diamantes que ahora brillaba en el dedo de esa chiquilla ambiciosa. El moreno tomó un trago y desvió su mirada, su mente se sentía confusa y furiosa al mismo tiempo, no lograba entender a Rayen Sepúlveda, tampoco es que tuviese intenciones de hacerlo, pero la mocosa mandaba señales indire

