Capítulo XXII. Los dos caminos CRAIGENGELT partió en cumplimiento de su misión tan pronto como se hubo equipado, prosiguió su viaje con toda diligencia, y cumplió su encargo con la habilidad que Bucklaw esperaba de él. Las damas lo acogieron excelentemente cuando se presentó con las credenciales de Mr. Hayston de Bucklaw, y quienes se hallan predispuestos en favor de una persona recién conocida, da cubren méritos hasta en sus mismas faltas, y perfecciones en sus deficiencias. Aunque acostumbradas a la buena sociedad, ambas señoras tenían el prejuicio de que el amigo de Mr. Hayston había de ser un caballero agradable y sabiendo conducirse, por lo cual les fue muy fácil convencerse a sí mismas. Es cierto que Craigengelt se presentaba ahora muy bien vestido, y éste era un extremo importante.

