Las horas pasaban, interminables, a su parecer. De tanto tiempo que llevaba sentada se le entumecieron las piernas, pero Gael le prohibía cualquier tipo de movimiento brusco. — Esta mascarilla rejuvenecerá tu piel y te verás como de treinta otra vez ¿No es maravilloso? — Tengo veinticinco. — ¿En serio? — Avergonzada, ella asintió. — Cielos, que jodida estás. ¡Roxanne, necesitaremos más tratamientos rejuvenecedores! ... Y cera para depilar — Gritó a su asistente principal, quien salió corriendo a buscarlo. — Tranquila, niña, estás en buenas manos. Esas ''Buenas manos'' eran lo que más le preocupaban. Probablemente los gritos de Anastasia cuando le retiraban de golpe la cera traspasaban las paredes y se escuchaban por todo el edificio, múltiples veces habían entrado guardias de segurida

