**ISOLDE** Chasqueé los dientes, no por rabia, sino por contención. La rabia sería demasiado débil para lo que sentía. Era una rabia contenida, una furia que buscaba no desbordarse, que se escondía tras una máscara de calma forzada. Comencé a caminar hacia la cocina, cada paso una protesta silenciosa. El yeso pesaba en mi cuerpo, y las costillas gritaban en cada movimiento, como si cada respiración fuera una batalla. Pero él no merecía verlo. No merecía saber cuánta fuerza se necesita para no colapsar frente a alguien que colecciona tus caídas como trofeos, que guarda cada golpe y cada humillación como piezas de un museo personal. Abrí el armario con mano temblorosa, encendí el hervidor como pude y observé cómo el agua burbujeaba, rompiendo el silencio con su sonido constante. Es

