**MAGNUS** Cuando las copas estuvieron listas —champaña para brindar por la noche, martinis que prometían complicidad, y un cóctel de autor con un brillo dorado que parecía encerrar secretos—, hice una seña al camarero para que las llevara. Volví a la mesa un minuto después, justo cuando el brindis llegaba con el primer sorbo. Las chicas me miraron fascinadas, y Alexia, como si no pudiera disimularlo, murmuró: —Estás intentando conquistar con detalles… —¿Funciona? —pregunté, mientras tomaba asiento a su lado, lo suficientemente cerca como para que su perfume, una mezcla embriagadora de jazmín y madera, me rozara la piel, y su calor empezara a calentar la mía. —Tal vez —respondió ella, mordiéndose el labio inferior, esa pequeña acción que revelaba su interés sin tener que decirlo en voz

