**MAGNUS** No habían pasado ni veinte minutos desde que la dejé en su casa, cuando el teléfono vibró en silencio sobre la mesa, rompiendo la quietud de la noche. Un mensaje de ella. “Ya estoy en casa. Gracias por anoche. Me hiciste sentir viva” Mi boca se estiró en una sonrisa lenta y afilada, no por ternura, sino por confirmación. La red estaba tendida, y ella había mordido el anzuelo. Había dado la primera señal de que me había notado, de que quizás, solo quizás, había comenzado a confiar. Respondí al instante, manteniendo el tono que usaría Mathias: frío y calculador. “Me alegra saberlo. No todos saben mirar, Alexia. Pero tú… tú sabes cuándo alguien lo hace.” Hubo un silencio prolongado en la línea. Luego, otro mensaje, breve pero cargado de intención: “¿Estás libre mañana? Podríamos

