Warren
No puedo creer que Arric y yo caímos en esta trampa para osos. ¡Maldito sea Brady! Sé que él es quien puso esta trampa. Sabía que él y su manada se retirarían por aquí. Corrí por todas partes, intentando interrumpir su ruta de escape, pero terminé atrapado en la trampa.
Sé que mi manada volverá por mí, pero están en una batalla y he estado esperando que me encuentren durante horas. Cuando no pude cortar a Brady, continuaron siguiendo a su manada, cazándolos como los malditos perros que son.
Supe de inmediato que no podía transformarme. Aunque podría usar mis manos para liberar la trampa, era demasiado arriesgado. No estaba dispuesto a perder mi pierna, y con ella, mi rango como Alfa. Aunque el dolor es significativo, Arric y yo somos Alfas fuertes, y sé que es solo cuestión de tiempo antes de que la manada me encuentre y me saque de aquí.
Habíamos estado luchando por una manera de quitar la maldita trampa cuando la olfateamos. He estado buscando a mi pareja durante más de diez años y ahora, aquí, en medio del bosque, en una zona cubierta de sangre de una batalla reciente, la encuentro. Su aroma a canela y nuez moscada calma a Arric al instante.
Su loba es de un hermoso color marrón rojizo y es obvio que es una cosita asustadiza. A lo largo de toda su conversación con Arric, nunca nos reveló su nombre. Así que, tan pronto como libera la trampa, doy un paso atrás y empiezo a transformarme para poder hablar con ella.
La transformación duele como la mierda, mis huesos intentando reconfigurarse pero incapaces de hacerlo en mi pierna porque están en pedazos. La miro y sus ojos se abren de par en par y ella se aleja un poco más de mí.
—Tranquila. Acabas de sacarme de una trampa. Puedo ser un Alfa feroz cuando estoy persiguiendo a los atacantes de mi manada, pero no soy el tipo de hombre que mata a alguien que acaba de ayudarme —digo. Como no me dio su nombre, me resisto a darle el mío hasta que sepa de cuál manada es.
—¿Dijiste que eres doctora?
—Estoy estudiando para serlo —dice, mirándome con atención.
—¿Para humanos y lobos? —le pregunto. Es inusual y tengo una necesidad desesperada de un buen médico en mi manada. Mi médico necesita jubilarse. Necesito a alguien joven, alguien inteligente, alguien como mi pequeña pareja aquí, para hacerse cargo de mi hospital de la manada.
—¿De cuál manada eres? —pregunto, sin estar seguro de que me importe. Estoy en guerra con tantas manadas que es muy probable que ella sea de una de ellas. Por supuesto, ella está aquí sola, no luchando con una manada, lo cual también es inusual.
—No soy de una manada. Soy una loba renegada. ¿Querías que mirara tu pierna? —noto que cambia de tema. Interesante. O tal vez no, los lobos renegados están solos por una razón. Me pregunto qué pasó para que mi pareja sea una loba solitaria.
—Sí. Te agradecería que me hicieras una evaluación médica —digo, deseando que se acerque a mí. Sé que su toque ayudará con el dolor.
Ella se acerca y su aroma embriagador llena mi nariz mientras contemplo su hermoso cuerpo. Se veía tímida pero decidida cuando se transformó. Su cuerpo esbelto no es tan musculoso como los de los lobos de mi manada, lo que me hace pensar que no ha sido parte de las guerras de manada en un tiempo. Sin embargo, su suavidad solo añade al atractivo. Mis dedos se contraen con el deseo de tocarla.
—¿Qué hace una loba renegada aquí, sola? —pregunto.
—Dejando salir a mi loba. No es fácil cuando vas a una universidad humana —dice, sin mirarme. Yo, por otro lado, no puedo apartar la vista de ella. Es hermosa. El pelaje marrón rojizo de su loba ahora es largo cabello marrón rojizo en la mujer. Le cae sobre el hombro mientras mira mi pierna y la observo distraídamente moverlo de nuevo sobre su hombro y fuera de su camino, como si fuera algo común en su vida diaria.
—Sabes que hay guerras de manada ocurriendo por aquí —digo. Puede que aún no sea mía, pero quiero que esté a salvo.
—Hay guerras de manada ocurriendo en todas partes. Si intentara encontrar un lugar donde no haya conflictos, tendría que correr en las áreas humanas y arriesgarme a que cazadores le disparen a Annika. Vas a necesitar cirugía en esta pierna. Tienes múltiples fracturas, algunas de ellas compuestas —dice, desviando una vez más la conversación de ella misma.
Ya sabía que iba a necesitar cirugía. Podía ver los huesos de Arric saliendo de su pierna cuando estábamos en la trampa.
—¿Annika? ¿El nombre de tu loba significa misericordiosa? Qué apropiado para una doctora —digo, aún estudiándola. Sus dedos sobre mi pierna son suaves. Parece saber instintivamente dónde tocar para que solo cause un leve malestar.
—Misericordiosa o compasiva, sí. Y Annika es una loba maravillosa —dice con orgullo, sin mirarme aún.
Estoy a punto de decirle que Arric está de acuerdo cuando escucho el aullido de mi Beta.
La cabeza de mi pareja se levanta de repente y huelo el aroma de su miedo mientras su ritmo cardíaco se acelera. Sin embargo, no corre. Parece que está a punto de adoptar una postura protectora frente a mí. Una perfecta Luna, apartando su propio miedo para ayudar a alguien en necesidad. Sonrío, porque ella es perfecta para mí.
—Relájate, es mi manada volviendo por mí —le digo.
—Oh, bien, entonces eso es bueno, necesitas llegar a un lugar seguro. Espero que no me ataquen a mí por ayudarte.
—Te protegeré —digo, sonriendo ante su incomodidad.
Mis guerreros vienen corriendo, rodeándonos mientras mi Beta, Charlie, se transforma y gruñe a mi pareja.
—¿Quién eres?
Le gruño, sorprendiendo a ambos.
—Ella es la que me sacó de la trampa de oso en la que estaba. ¡Baja la guardia! —ordeno. No permitiré que nadie le falte al respeto a mi pareja.
Él la mira, luego se vuelve hacia mí frunciendo el ceño antes de agacharse para mirar mi pierna.
—¿Qué tan mal está?
—Mal.
—Vale, volvamos a la manada —dice, pidiendo a un par de guerreros que me ayuden a levantarme. Envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros y levanto mi pierna herida, mordiendo los dientes por el dolor.
—¿Listo, Alfa? —pregunta Charlie.
—Sí, vamos.
Charlie se transforma en lobo, tomando la delantera como guardia, y los guerreros que me sostienen comienzan a moverse rápidamente.
—¡Espera! —digo, y todos se detienen—. Trae a la doctora.
—¿La doctora? —pregunta uno de mis guerreros.
—¡La chica! Trae a la chica —gruño, volviéndome a mirarla. Puedo ver que estaba lista para escabullirse. La observo girar y mirar detrás de ella como si estuviera juzgando si puede salir corriendo o no.
—Ni se te ocurra —le digo. El lobo de Charlie, Gregor, se mueve rápidamente a su lado, empujándola hacia adelante con su cabeza. No me gusta lo cerca que está de mi pareja que está desnuda y Arric gruñe suavemente.
Sus ojos se encuentran con los míos.
—Debería irme —dice—. Como dijiste, hay muchas guerras de manadas por aquí. Probablemente debería volver a casa.
—¿Casa? —pregunto. Sé que parezco arrogante. La mujer es una loba renegada que va a la escuela. ¿Dónde exactamente está su hogar? No voy a dejar que regrese a donde quiera. Nunca la volveré a ver. Sé por lo poco que he aprendido sobre ella que nunca dejará que su loba corra en estos bosques de nuevo. Y, para cuando me recupere y vaya a buscarla a la universidad, estoy seguro de que se habrá transferido. Es demasiado asustadiza para quedarse donde pueda ser atrapada.
—Escuela —dice, aclarando su destino previsto.
—Hmm, bueno, como acabas de repetir, no es seguro aquí afuera, especialmente para una loba renegada. ¿Qué tipo de Alfa sería si te dejara valerte por ti misma? No, creo que deberías venir con nosotros —digo y mi voz no admite discusión.
Ella presiona sus labios y se levanta, asintiendo, y siguiéndome a regañadientes.