Simón —Alfa, la encontramos —dicen mis guerreros. Había rastreado a Yara hasta la universidad donde mi padre la había estado escondiendo durante años. Sabía que la quería y la ayudó a escapar de mí. Y luego, me había mentido al respecto. Me dijo que se había ido, que lo había rechazado como su Alfa, y que nadie había podido encontrarla. Al principio, le había creído. Había buscado por mi cuenta, por supuesto, necesitando encontrar a esa linda cosita, a esa mujer dulce y seductora que tomaré como mi pareja. Es inteligente, me gusta eso. Y aunque no dice mucho, puedo decir por la forma en que me mira a mí y a otros que tiene una lengua afilada. En la rara ocasión en que realmente abre la boca, me da la razón. Me encanta la idea de someter esa boca suya, de someterla a mi voluntad, de hace

