Prólogo

1267 Words
Lo último que vi fue un gran árbol con las raíces expuestas, sus ramas extendiéndose en todas direcciones, tan alto como los edificios de la ciudad. Cerré mis ojos antes de sentir el impacto. Mi cuerpo me dolía, al igual que mi cabeza. No sabía si aún estaba viva o si había pasado a mejor vida. Eso me llevó a viejos recuerdos, esos que quería olvidar, pero que veía cada noche en mis sueños, haciéndome dudar de lo que era real o no. Mi imaginación podía ser más grande de lo que pensaba, siempre me lo decían. Pero estaba segura de que no tenía tanta imaginación como me hicieron creer. El golpe que sentí no se comparaba con los golpes de esta vida de mierda que llevaba. La muerte me golpeó con tanta fuerza, como si un bate rompiera cada hueso de mi cuerpo. Estaba loca, ¿cómo podía ser tan cruel? Me aplastó como una cucaracha, me molió con todo lo que tenía a su alrededor. El zumbido en mi cabeza no me dejaba ver con claridad. ¿Estaba viva o muerta? No lo sabía con honestidad. Primero el intenso dolor y luego la paz, la sensación de sentirme en las nubes. ¿Iba al paraíso donde de seguro estarían ellos o al infierno a dar cuentas de todos mis pecados? Ya no importaba. Pronto estaría con ellos, eso me tranquilizó. Los extrañaba demasiado, aunque no recordara mucho de ellos. Era injusto, me sentía culpable. Ellos no sobrevivieron y yo sí. Estaba aquí, respirando el aire, sintiendo la brisa, viendo los atardeceres, festejando cada fecha importante y ellos ya no estaban conmigo. No quería recordarlos, sin embargo, ese día estaba pegado a mí como chicle en mi suela, haciendo difícil mi camino. Perdí a mis padres ese estúpido día, al igual que perdí el sentido a la vida. ¿Cómo terminé en este lugar esperando encontrarme con ellos? No lo recuerdo. No pasaba por este camino desde ese día, la verdad. Ni siquiera sabía cómo lo recordaba, tal vez porque siempre lo veía en mis sueños, esos que decían que eran solo mi imaginación. Tan solo era una niña de seis años cuando todo eso pasó. En mi mente, el recuerdo era tan claro como si fuera del día anterior. De pronto, sentí que me elevaba, como si alguien tomara mi cuerpo y lo sacara de aquel auto que estaba completamente hecho pedazos. Abrí mis ojos y era el mismo ángel. No había cambiado nada. Sueño o realidad, lo volví a ver después de tantos años, aunque su expresión no era la misma de hace años. Era él, la cicatriz en su rostro lo confirmaba. Era mi ángel, ese que me rescató ese día. Viajaba junto a mis padres, volvíamos a casa después de visitar a unos amigos de ellos. Tomamos el camino más corto sin escuchar las advertencias de sus amigos: en los días de lluvia se pone resbaloso y es peligroso. Queríamos llegar a casa antes de que anocheciera, eso es lo que mi padre dijo. Cantábamos a todo pulmón mientras mirábamos el inmenso bosque que nos rodeaba. No era la primera vez que pasábamos por esos caminos, eso fue lo que dijo mi madre. Todo estaría bien mientras manejara con cuidado, y así fue. No íbamos a toda velocidad para que pasara un accidente. Los frenos estaban bien, la lluvia no fue tan fuerte para dejar la calle resbalosa. Ni siquiera pasaban autos para decir que uno nos impactó, haciendo que volcáramos y causara la muerte de ellos. Ese recuerdo lo tengo tan grabado. Miraba el bosque sintiéndome libre, era mi lugar favorito, ya que sentía que me llamaba en susurros. No sabía por qué, pero sentía que quería decirme algo. Vi que algo se movía con tanta rapidez que no podía distinguir qué era. De entre los árboles salió un animal n***o que impactó con nosotros. Un animal de ese tamaño no podría existir. Aunque era muy pequeña, podía distinguir que ese animal tenía el tamaño de una casa de dos pisos. Solo era mi imaginación, ya que el auto volcó haciéndome perder la conciencia. No podía explicar cómo vi aquel animal convertirse en un humano y caminar hacia el auto. No podía explicar cómo ese hombre me sacó del auto que estaba totalmente aplastado, salvándome la vida. No había explicación de cómo sobreviví a dos noches y dos días. Era mi ángel. Cuidó de mí todo ese tiempo, me dio de comer mientras curaba mis heridas. Recuerdo sentir un sabor a hierro, no sabía qué era, ya que me pidió que cerrara los ojos. Después de eso, me sentí mucho mejor. No me dolían los golpes y mis heridas estaban sanando. No había explicación para nada de lo que pasó en ese tiempo y todo era producto de mi imaginación. Me encontraron inconsciente dentro del auto junto a mis padres. Creí que me había quedado dormida después de llorar. Le pedí a mi ángel que los sacara, que me ayudara. Él solo me abrazó y dejó que llorara en él. No sabía por qué no quería ayudarme a sacar a mis padres y por qué no pidió ayuda. No sabía por qué me mantuvo esos días ahí junto a ellos. Tal vez la razón era la misma: estaba desmayada. Esa podía ser la razón por la cual lo volvía a ver. Si no era esa la razón, entonces estaba muerta. ¿Cuál era peor? Mi ángel se convirtió en ese animal gigante y me cubrió del frío de la noche. Un lobo, eso es lo que era, un lobo grande. Gracias a él sobreviví, pero está ese recuerdo de que él fue el causante de que el auto volcara. No lo entendí hasta después. Fuera mi imaginación o no, él me salvó porque se sintió culpable. Mis padres murieron al instante y yo me salvé, y él me salvó. No podía ser mi ángel, él era el culpable y yo iba entre sus manos. Quería alejarme de él, había perdido todo por él. Me quitó a mis padres, me quitó el sentido a la vida, me quitó la esperanza. Me tacharon de loca por contar aquella historia. Decían que lo inventé, que lo imaginé, que sobreviví porque dormía mientras todo ocurrió, que mis padres chocaron con un árbol porque la calle estaba lisa. Yo sabía que esa no era la verdad. No lo había imaginado, lo toqué, lo abracé, lo golpeé por no ayudarme a sacar a mis padres. Comencé a creer que tal vez sí había sido mi imaginación por mucho tiempo. Quise convencerme de que aquel recuerdo no había sido real, que solo estaba en mi cabeza. Sin embargo, el calor de su cuerpo me decía que no estaba ni imaginando ni soñando. Parecía una fogata que, entre más cerca estaba de su piel, más calor sentía hasta quemar. Era él, mi ángel, el asesino de mis padres quien me llevaba en brazos. No había envejecido a pesar de los años. "Tengo sed". Mi voz apenas salió de mi boca. "Me duele la cabeza". Él ni siquiera me volteó a ver. "Alfa". Se escuchó una voz lejana y de él salió un gruñido. Sentí que me acostaba en algo para luego no escuchar nada y quedarme en la oscuridad de mi mente. Me desmayé o me morí, supuse que lo primero, ya que aún me dolía todo. ¿Por qué no me dejó ahí a que llegaran a rescatarme como la primera vez? ¿Por qué me llevaba con él? Y la pregunta más importante, ¿dónde me llevaba?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD