Me encierro en la habitación con Vivian mientras mi padre y Valentine preparan la cena. Necesito un dos litros de agua para poder tragar la noticia que me acaban de dar. Un hermano. Tendré que cambiarle los pañales; cuidarlo, hacer tareas de primer año cuando entre en la escuela y llevarle a los cumpleaños. Y tendré suerte si no tiene la misma personalidad de Valentine. — No es tan malo— me asegura Vivian sentándose en la orilla de la cama. Yo me la quedo mirando. No; no es tan malo. Es peor. Me primo el cabello con los dedos al mismo tiempo que camino alrededor de la habitación, buscando algún hoyo que me pueda tragar. Encima tendré que perderme el baile. Resoplo algo frustrada; escucho risas del primer piso y música indie. Huele a pimienta y orégano y la casa está llena de humo p

