Me despierto en la mañana con el ruido del timbre. Reviso mi reloj. Son las diez de la mañana. Después de hacer exactamente la misma rutina que hice ayer- pretender que me vestía en la mañana para que mi madre no se entere y luego volver a la cama- me he quedado dormida completamente. Frunzo el ceño. No estaba esperando a nadie que yo sepa. ¿Qué tal si es mi mamá? Aprieto mi mandíbula con el simple pensamiento de salir pillada otra vez y estar castigada de por vida, así que mientras camino a la puerta voy pensando en mil distintas maneras en las cuales mi madre podría creer que de verdad me siento mal. Podría decirle que cuando iba camino a la escuela vomité en medio de la calle y tuve que volver; o que me dolía tanto el estómago que me enviaron a casa, pero eso solo agrandaría más la me

