—Señorita...
—¿Cómo está mi abuela doctor?
Me dió una amable sonrisa—Solo fue un susto, creo que no tomó sus medicamentos.
Suspiré de alivio.— ¿Le tiene que mandar algo?
—Solo que tome sus medicamentos.— pausó— está despierta si deseas pasar a verla.
—Bien, gracias.
Caminé hacia la puerta y la abrí encontrándome con sus ojos verdes, me dió una sonrisa pero no sé la devolví y ella bufo.
—No voy a escuchar tu sermón, Rachel.
—¿Por qué dejaste de tomar tus medicamentos?
—Solo quería experimentar si podía vivir sin ellas.
—¡Ese experimento tuyo casi te manda al otro lado, abuela!
Se llevó la mano al pecho e hizo una expresión de dolor.
—¿No ves que alteras mi corazón?
Bufo.— Abuela, tú no sufres del corazón, y el corazón se encuentra al otro lado del pecho.
Ella observó sus manos y rápidamente la llevó al lado correcto poniendo una mueca de dolor.— Mi corazón...
—Abuela.— advertí.
Volteó los ojos.— ¡Me las tomaré!. Pero no le digas nada a tus padres, suficiente tengo contigo.— murmura.
Paso mis manos por mi rostro.
—Está bien, pero que sea la última vez.— ella asiente.
Después de alistar todo, subimos al auto para conducir hasta casa.
—Rachel.
Alzo la vista hacia el espejo retrovisor para observarla.
—¿Si abuela?
—Vamos tarde.
—¿Tarde?— asiente— ¿A dónde?
—A la cena.
—¿Qué cena?
—¡La cena con los socios de tus padres!— frunzo el ceño— ¡Qué se te ha olvidado!
—No se me hubiera olvidado si cierta personita no hubiera hecho un experimento.
Bufa.— Pero no es mi culpa que tengas memoria de Dory.
Enarco una ceja.— Ya, va, ¿De quién lo he heredado?
Ella abre la boca ofendida y niega.
—De tu padre, es obvio.
Río.
—Ya.
—¿Me llamas mentirosa?
—Que va, no he dicho eso.
—¿Ahora me dices que imagino cosas?
—¡No he dicho eso!
—Esta bien que sea tu abuela, pero no aparento una. Más respeto, niña.
Suelto un suspiro.
—¿Qué socios irán?
—Ya lo verás, ya lo verás.
Maldigo para mis adentros cuando veo que está lloviendo, y el cielo poco a poco se va nublando.
—La que se nos va armar por llegar tarde.— murmura mi abuela.
—Hubiéramos evitado esto si n . . .
Pone los ojos en blanco.— Ya, ya entendí, no hace falta que lo repitas a cada segundo.— bufa— Lo bueno es que ya estamos vestidas para la ocasión.
Las figuras de los guardespaldas se asoman en la entrada de nuestra casa, puedo observar ya los autos estacionados.
— Buenas noches, disculpen la tardanza.— le doy un vistazo rápido a mi abuela y me guiña un ojo— tuvimos un pequeño problema con el auto.
La señora y el señor Dawkins me dan una sonrisa restándole importancia.
—No te preocupes, querida, suele pasar.
—¿Pasamos a la mesa?— preguntó mi abuela.— Esperen, ¿Dónde está Isaac?
Ya me preguntaba porque todo estaba tan tranquilo.
—¿Alguien preguntó por mi?
—¡Isaac! ¡Mi niño, cuánto tiempo!
—También la extrañé.— después de darse un efusivo abrazo fija su vista en mí—Buenas noches, bonita.
—Hola, Isaac.
—Tienes algo en la cara.
—¿Qué? ¿Qué tengo?
—La sonrisa más linda que he visto en mi vida.
Y ahí está Isaac Dawkins, es alto, guapo y con un cuerpo muy trabajado, cuando lo ves por primera vez podrías jurar que su rostro es tallado por los mismos Dioses, sus ojos grises con espesas y largas pestañas. Su mandíbula bien marcada, pero todo ese efecto se va cuando lo conoces.
Está vestido con un traje n***o sin corbata con la chaqueta abierta sobre su tórax.
La cena transcurre con normalidad, mientras mis padres y sus socios platican sobre nuevos negocios.
—¿No te pesa?
Miro a Isaac.— ¿El que?
—Cargar con el peso de ser tan hermosa.
—Permíteme un momento, tengo algo para tí.
—¿Para mí?— asiento.
Me disculpo y rápidamente me dirijo a mi habitación buscando la cajita, sonrío al encontrarla.
Al bajar le extiendo la pequeña cajita dorada.
—¿Qué es?
—Averígualo por ti mismo.
—¿Debería grabarlo?— murmura papá— No muchas veces se ve que Rachel le de algo a Isaac.
—Yo creo que sí.— esta vez habló mamá.
—¿Una brújula?. Vaya, me gustan las chicas originales.
Sonrío.—¿Sabes para qué son las brújulas?
—Para ubicarse.
—¡Exacto! Te regalo la brújula para que te ubiques y dejes de soltar comentarios que ni van al caso.— la señora Morgan escupió el jugo que estaba tomando para soltar una carcajada, uniéndose a su esposo, a mis padres y abuela.
Isaac soltó un suspiro.— Chica difícil, eh. Ya me veo contándole a nuestros hijos como te hacías de rogar cuando por dentro de morías por mí.
—En tus mayores sueños, Dawkins.
Iba a replicar pero mi abuela se aclara la garganta.— Ya, ustedes siempre se la pasan peleando, ¿No creen que ya es hora de que hagan la pases y se comporten como las personas maduras que son?
—La señora Sofía tiene razón, Rachel, entonces ¿amigos?— me tendió su mano, lo miré por un par de segundos para luego aceptarla, mi abuela sonríe— Listo, ya somos amigos con derecho.
—¿Qué?
—Amigos con derecho, eso.
Los demás soltaron una carcajada, los miro enarcando una ceja y tratan de disimularlo con una tos.
—¡Dame paciencia, señor!— él pelinegro suelta una risilla.
—Es broma, linda.
—Cállate, ¿Si?
—Cállame, digo . . . Como mi amiga con derecho diga.
[ . . . ]
—Rachel, queremos hablar contigo.
—Claro. ¿Sucede algo?
La señora Morgan me da una sonrisa.— Dentro de poco será tu cumpleaños y también será luna llena. Pero no será cualquier cumpleaños porque . . .
—Cumplo 18 años.— completé.
—Exacto, y con ello tu vida cambiará de cierta manera.
Miro a mi padre.— ¿Qué quieres decir con eso?
—Hay algo que debes saber querida, Rachel. Quizá debimos decírtelo antes pero era para cuidarte, quiero que tengas eso en claro, ¿Si, cariño?
—Mamá . . . ¿Es tan malo acaso?
—No es que sea malo, solo temo a tu reacción y que tú . . .—
No pudo terminar la oración ya que unos hombres vestidos de n***o vinieron corriendo hasta donde nos encontrábamos.
—Mi alfa— dijo uno de ellos, mientras trataba de regular su acelerada respiración— ha ocurrido un atentado.
¿Alfa? ¿Atentado?
Mi padre se paró rápidamente y los miro confundido.— ¿Qué es lo que pasa?
Mi celular comenzó a vibrar así que me alejé un poco para poder contestar la llamada.
—¿Bueno?
—¿Usted es la señorita Rachel?
—Ella habla. ¿Con quién tengo el gusto?
—Soy Verónica, usted no me conoce pero soy alguien cercano a Lydia.
—¿Lydia está bien? ¿Le ha pasado algo?
Un fuerte sollozo se escucha al otro lado de la línea.— Ella . . . ella no se encuentra bien.
parpadeé un par de veces—. ¿Qué? ¿Que quieres decir?
—Rachel— una suave y débil voz se escuchó por a través de la línea—. Debes huir de este lugar.
—Ly, ¿Qué es lo que pasa?
—Rachel, cariño, escúchame, debes salir de este lugar, porque si no . . .
La frase quedó en el aire, Rachel tomó su dispositivo con ambas manos viendo que la batería de su celular había sido el causante.
—Mierda.
Observó a su alrededor y vió a sus padres conversando con los hombres que habían pasado y los demás tenían los ojos puestos en ellos, por lo que la chica aprovechó su distracción para salir por la puerta trasera que daba para el bosque, saliendo así de su casa para ir directamente dónde su amiga.
Al llegar a la casa de Lydia, suelto un suspiro, no creo estar preparada a lo que vaya a ver, la puerta se encontraba entreabierta por lo que a paso lento me acerco terminandola de abrir.
Suelto un sollozo al ver el cuerpo de mi amiga en la sala, sangre está esparcida a su alrededor.
Me arrodillo frente a su cuerpo, sosteniendo su cabeza. Sus labios habían perdido su tono rosado, para que se transformara en un tono casi violeta, mi mano izquierda se posa en su abdomen dónde tiene una gran herida.
La herida. No, no es una herida normal, son ¿Rasguños?
Qué mierda. ¿Cómo es que su cuerpo tiene rasguños?
Y no solo eso, sus muñecas tienen marcas de colmillos, ¿Un animal la atacó?
—¿Rachel?
trato de controlar el llanto, mordiendo ligeramente mi labio.
—Lydia— pasé un mechón de su cabello detrás de su oreja— ¿Ya te he dicho cuánto me gustan tus ojos?
una media sonrisa se forma en sus labios—. ¿Ya te he dicho que los tuyos son los más lindos?
—Seguiré diciendo que los tuyos son los más hermosos, además, el verde de tus ojos siempre será mi color favorito.
una de sus manos se posa en mi mejilla, el contacto helado de su mano me hace volver a la realidad.
—Lamento mucho que . . .— tomó un poco de aire— que me veas en esta situación.
—No tienes que decir nada, Ly.
negó—. Quiero hacerlo, necesito que te vayas de este lugar, no es seguro para nadie aquí.
—¿A qué te refieres?
—Solo . . . solo huye, y recuerda que te amo.
—También te amo, Lydia.
una sonrisa cálida se posó en sus labios— . Lo sé, Rach. . .
Mi corazón palpitó llenándose de tristeza, un nudo se formó en mi garganta, apreté mis labios conteniendo un fuerte sollozo.
No podía ser cierto, Lydia no podía estar muerta, ella no.
Solté el llanto al ver que sus ojos ya no tenían vida, con cuidado terminé cerrándolos.
El sonido de una camioneta me alarma, pero aún así me niego a dejar a Lydia, sola.
—¿Rachel?— alzo la vista encontrándome con una mujer.
Sorbo mi nariz.— Disculpe, yo . . .
—Soy Verónica.
Me trata de dar una sonrisa de boca cerrada pero sale más como una mueca.
—Oh, lamento habernos conocido así.— agacho la cabeza para dejar un beso en la frente de Lydia— Era una excelente persona.
—Lo sé. Era muy buena para este mundo— sonríe— Ella ya está descansando en paz.
—¿Usted cree?
Se arrodilla a mi altura y acuna mi rostro.— Claro que sí, niña Rachel.
—Gracias.
Ladea la cabeza.— ¿Por qué?
—Por estar con ella en sus últimos momentos.
—Tú también lo estuviste.
— ¿Puedo preguntarle algo?
ella asiente —Claro.
—¿Qué es lo que le pasó?
—¿A qué te refieres?
—¿Les atacó un animal?. Los rasguños, las mordidas, parecen ser de un animal.
Ella abrió la boca pero fue interrumpida por varias voces que se escuchaban a unos cuantos metros.
—Lo mejor será que te retires, Rachel. No creo que a tus padres les agrede la idea de que estés aquí.
—Gracias por todo.
—No te preocupes, cuídate.
Me acompañó hasta la puerta trasera pero antes de dar un pasó más me gire así dirección.
—Una cosa más, ¿Cómo sabía lo de mis padres?—
No me pudo responder, porque ella ya no se encontraba más ahí.
el sol ya se había puesto dando así el inicio de la noche, visualice la casa a unos cuantos metros, las luces se encontraban prendidas, pero sabía que nadie se encontraba ahí, a paso lento me dirigí a la entrada trasera.
Todo había sido tan repentino.
Cuando sentí que en cualquier momento caería, unos brazos me rodearon atrayéndome hacia su pecho. Cerré mis ojos deseando que todo esto solo sea una horrible pesadilla, deseando que solo sea una clase de broma, deseando que solo sea un mal sueño, deseando que ella esté aquí.
Pero nada de eso era así.
Ninguno se atrevió a pronunciar palabra alguna, dejando el ambiente melancólico y silencioso, mis pensamientos no ayudaban, ya que mis recuerdos estaban siendo atacados con los momentos que pase junto a ella.
La imaginé en la prada con su gran sonrisa, mientras corría con aquel vestido lila por todo el lugar.
Sollocé con un dolor indescriptible en mi corazón.
Al abrirlos me encontré con el rostro de preocupación de Isaac. Me dió la mano ayudándome a levantarme, los hombres aún de encontraban ahí, se mantenían en silencio mirándose entre ellos.
De pronto escuché inaudibles susurros de una voz cálida.
' ' Si lo que buscas es venganza, no te preocupes, que pronto llegará ' '
Isaac me llevó hasta el mueble del salón, atrayendome nuevamente a su pecho, y ese día lloré, lloré tanto que sentí que en cualquier momento me quedaría sin lágrimas, y en mi mente solo deseaba que nada de esto fuera real, pero la realidad me golpeaba cada vez que eso pasaba.